Hugo Sebastián Cabrera (26) es licenciado en Relaciones Internacionales y desde septiembre de 2015 está cursando un máster en Desarrollo Territorial y Sustentable en el marco del programa Erasmus Mundus. El primer semestre lo asignaron a Italia, en febrero a Bélgica y acaba de desarmar las valijas en París (Francia). A estos destinos europeos llegó por aplicar para una beca, que es el corolario de años de un desarrollo intelectual y humano enfocado en múltiples intereses.
Él perfeccionó sus condiciones para relacionarse con diversas culturas a través del incesante aprendizaje de lenguas extranjeras y una experiencia de ocho años de voluntariado en la Organización Argentina de Jóvenes para las Naciones Unidas (Oajnu), que se enfoca en proyectos relacionados con la igualdad de derechos, la educación popular y el desarrollo social y de la que forman parte un promedio de 300 voluntarios de entre 16 y 30 años de edad en todo el país.
El estudiar en idioma extranjero y en tres de las mejores casas de altos estudios del Viejo Continente: Universidad de Padua, la KU Leuven y La Sorbona lo está haciendo madurar ostensiblemente.
"Los primeros días en cada lugar cuestan hasta que el cerebro registra las lenguas que estamos empleando. Después uno se acostumbra, aunque hay días que parece que las neuronas lingísticas amanecen un poco dormidas y no te salen las palabras en ningún idioma, incluso en español, o mezclas todo", dijo Hugo, en comunicación telefónica con El Tribuno.
Este medio lo había entrevistado cuando estaba en Padua y para retomar el itinerario Hugo señaló que halló a Bélgica "un país muy particular ya que tiene dos regiones lingísticas muy diferenciadas: Flandes en el norte, donde se habla holandés y Valonia en el sur donde se habla francés". Añadió que Bruselas, la capital, es una región oficialmente bilingüe, aunque en la práctica la mayoría de sus habitantes habla francés. También hay una minoría que habla alemán, en la frontera con Alemania. Según Hugo esto se explica en que la organización política y territorial de Bélgica es muy compleja. "A mí me tocó vivir en Lovaina, una pequeña ciudad de Flandes, a 20 km de Bruselas y donde se habla holandés. Los belgas de esta zona son similares a sus vecinos los holandeses así es que, además de ser extremadamente organizados y puntuales, hablan muy bien el inglés. Así, no tuve necesidad de aprender el holandés; solo frases para sobrevivir", señaló. El escaso tiempo que le dejan sus estudios de posgrado se aunó con la dificultad del holandés para desalentar a Hugo de aprenderlo. "Eso fue un poco frustrante a veces porque no se entiende lo que la gente habla y en Italia no me pasaba esto. Pueden estar hablando de vos y ni cuenta te vas dar. De todos modos no creo que hagan eso, los belgas son gente muy educada", terció.
Para mejorar su francés y su italiano empleó el sistema denominado "tándem", que consiste en el intercambio conversacional entre dos nativos de diferentes lenguas. "Yo ayudo con español a otros y los otros me ayudan con francés e italiano. En este caso se habla, por ejemplo, una hora todo en español y otra todo en francés. Esto vendría a ser una técnica para mejorar las habilidades lingüísticas. Hay otros fenómenos que se da cuando el multilingüismo es la moneda corriente y que si bien no son técnicas ayudan a mejorar, ya sea la expresión o la compresión oral. Un ejemplo de esto, y que yo lo vivo con mis compañeros, es el "code switching''", detalló. En este caso, cada uno habla en su idioma y se aprende por interpenetración, es decir, escuchando las expresiones ajenas.
Acerca del francés, Hugo definió que la proeficiencia del habla y la escritura es un desafío, incluso para los franceses.
"Si bien es parecido al español, hay que prestar mucha atención a la fonética y a la ortografía porque acá no escribimos como hablamos, y como en Italia, en Francia es francés o francés. Así es que hay que hablar. En general, a los franceses les gusta que aprendamos su idioma y cuando uno intenta hablar, te ayudan y te tienen paciencia. Les parece "mignon'' (bonito) cuando hablamos con nuestro acento. Y es que en realidad, parecemos nenes de cinco años hablando", graficó.
Si bien permaneció seis meses en cada lugar, Hugo comentó que de Italia extraña la comida y de Bélgica la cerveza "la mejor del mundo".
De este último país, además de sus sabores, se le alojaron ciertas costumbres.
"Me sorprendió que en Bélgica está todo minuciosamente organizado. A nadie se le escapa nada, son gente muy responsable y trabajadora. Pero también un poco más fría que nosotros, y es un poco más difícil entrar en los círculos locales, sobre todo si no se habla el idioma", concluyó.

Vivir entre cambios

Puesto a comparar tres países, Hugo señaló que Italia es, en cierto punto, similar a la Argentina. “Hay muchas pautas culturales en común y es donde más te sentís como en casa. Francia, estoy descubriéndolo todavía; pero es una mezcla de ambos. Y acá hay que sumar las tensiones sociales que hay en relación con la inmigración y esas cosas”, expresó.
Le preguntamos si los estudios están siendo muy arduos y reconoció que sí.
“El semestre en Bélgica sí porque la KU Leuven es una de las universidades mejor rankeadas en Europa y se nota. En Francia acabo de comenzar así es que no sé. Al menos de nombre es una universidad prestigiosa, Universidad de París 1, La Sorbona”, comentó. Allí cursará seis meses y después le espera completar una pasantía y escribir su tesis. “Aún no sabemos dónde nos toca... Espero que aquí, pero depende de donde encontramos en realidad”, cerró.

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Sección Editorial

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Luz Yñigo
Luz Yñigo · Hace 2 meses

Que placer ver a Huguito capacitándose en el mundo. Siempre fue un joven ansioso por superarse. Orgullosa de haber sido su profesora del Colegio Nacional, desde donde egresó.


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