Hoy se habla de la competitividad como novedad y no hay discurso oficial que deje de mencionarla como lejana meta. Su concepción teórica es simple y, sabiendo de qué se habla, su concreción también lo es.
Hablando de un desarrollo agropecuario armónico y sostenible, partimos de una ventaja comparativa natural, "salpimentamos" con eficiencia, inteligencia, creatividad, tecnología, prevención, precaución y la convertimos en ventaja competitiva. No es un tema que debe preocupar, sino, más bien, ocupar. Si nos acordamos de la competitividad solo para el discurso, nos equivocamos. Es tan errado como buscarla en los enunciados de algún plan foráneo.
Intentando lograr el acuerdo necesario para que nuestra provincia otra vez cuente con la autorización pertinente para tomar créditos que nos auxilien en una situación complicada, escuchamos en ámbitos políticos hablar del shock de inversiones, del despegue agropecuario, de industrializar, etc. Todo suena muy vacío.

Asumir la realidad

En realidad, mientras el mundo cambia, nuestro país se prepara. Salta, por ahora, es una injustificable incógnita.
La Sociedad Rural Argentina festejó en Salta sus 150 años con discursos "con contenido", planteos que aplaudieron por igual dirigentes, productores, legisladores, ministros, exministros...
El presidente Luis Miguel Etchevehere habló de los nuevos aires prometedores que respira el campo. En la actual campaña el sector invertirá -de su bolsillo- US$12.500 millones, en una producción que hoy abastece de alimento a 10 argentinas y que en la próxima década lo ampliará a 17 veces nuestra población. El dirigente no pasó por alto el detalle de la imprescindible incorporación criteriosa de nuevas superficies a la producción. "El mundo demanda de nuestros alimentos y nosotros los proveeremos con el agregado de valor para el que estamos preparados", dijo. "Sostenibilidad y competitividad".
Acertado y honesto resultó el mensaje del titular de la Rural Salteña, Ignacio Lupión. Ninguno de los "beneficios" anunciados desde el poder central nos involucra, nuestra situación crítica no se supera tan fácilmente, no cosechamos y se nos dificulta la siembra; nuestro esfuerzo y entusiasmo no alcanza. Ni siquiera el quite total de la retención a la soja asegura nuestro futuro.
Se paró en la realidad y dijo lo que debía decir. Las diferentes caras de la misma moneda. Quien me conoce sabe que no pretendo desalentar, ellos lo dijeron, yo lo rescato y marco. Es de imaginar que quienes siguen hablando desde sus despachos de producir, crecer, sustentar, competir, estarán haciendo algo al respecto ya que es su tarea y escucharon lo mismo. La potencialidad productiva de Salta está en la mira de todo inversor, pero no se la seduce solo con palabras. Los hechos mandan y la seguridad jurídica, la claridad y transparencia en la base de datos son indispensables para generar confianza.
Asumimos, con un semáforo al frente, que la luz verde del mismo nos habilita el paso, amarillo nos advierte y rojo nos frena. Por algo fueron los colores que usaron para pintar- caprichosamente -nuestro mapa, logrando un ordenamiento territorial que solo sirvió para frenar la producción y ahuyentar la inversión.
La ley es la ley y se debe respetar. Por estos días cobraron notoriedad en Salta dos resonantes casos. Aparentemente dos hermanos incumplieron la norma y no pueden avanzar con su inversión; por otro lado un mediático reconocido, cumplió con todos los pasos, respetó los colores del semáforo y sufre el mismo castigo en su emprendimiento. El supuesto o eventual castigo que tengan ambos nos castiga a todos. La seguridad jurídica, la transparencia y la confianza están ausentes. La tan ansiada competitividad choca con un semáforo de tres luces rojas, nunca llegará.
Necesitamos modificar esta conducta adversa al desarrollo y trabajar seriamente para que cuando la SRA cumpla 200 años haya una Argentina progresista desde La Quiaca a Tierra del Fuego.

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