Un vendedor ambulante de choripanes que suele ubicarse en las afueras del boliche El Rey, en la intersección de la ruta nacional 34 y calle 9 de Julio en Tartagal, salvó su vida milagrosamente luego de ser atacado por dos hombres que se movilizaban a bordo de una motocicleta.
Se trató de un nuevo tiroteo -el tercero desde agosto pasado- en plena vía pública de Tartagal. Esta vez el azar estuvo del lado de la víctima y de la gente que transitaba por el lugar, ya que nadie resultó herido.
Según denunció el vendedor ambulante, identificado como Oscar Zorzín, de 37 años, en momentos en que estaba abocado a su trabajo en su carrito llegaron al lugar, a bordo de una motocicleta de gran cilindrada, dos hombres a los que identificó como César "Negro" Segovia y su hermano Juan Pablo Segovia.
Siempre, según los dichos del vendedor, el Negro conducía la motocicleta y al llegar a la esquina, casi frente al carro choripanero, descendió del rodado y sin que medien palabras, amenazas ni discusiones sacó un arma de fuego con la que le hizo un primer disparo a una distancia que no superaba los dos metros.
Zorzín alcanzó por milímetros a esquivar ese primer disparo, luego de lo cual -siempre de acuerdo al relato del denunciante-, el atacante gatilló varias veces su arma pero los disparos no salieron por lo que Segovia y su hermano -que lo esperaba junto a la moto- subieron al rodado y se fugaron del lugar.
Después del terrible susto y de haber salvado su vida milagrosamente, Oscar Zorzín llamó a la policía.
Cuando los efectivos llegaron al lugar, inmediatamente identificó a los dos hombres quienes se domicilian en el barrio Santa Rita.
También refirió que cerca de la moto estaba un tercer hermano del Negro Segovia, al que identificó como Nelson David Segovia.
Con la descripción que dio la víctima, los efectivos policiales recorrieron las cercanías del boliche y dieron con Juan Pablo y Nelson David Segovia, quienes se movilizaban en una moto marca Gilera. El tercer hermano, quien según Zorzín le hizo los disparos, no se encontraba en el lugar.
El Negro Segovia no pudo ser localizado hasta las últimas horas de ayer, en tanto sus dos hermanos fueron puestos a disposición de la Justicia Penal acusados por el supuesto intento de homicidio.

A la salida del boliche

El hecho, que sorprendió por la audacia pero sobre todo porque todavía no hay una versión del todo clara más allá de lo que denunció el vendedor, se produjo en momentos en que en las cercanías del boliche el ir y venir de gente era incesante. La presencia de público en plena madrugada tartagalense potenciaba las posibilidades de que otras personas inocentes y ajenas a cualquier disputa entre Zorzín y sus atacantes pudieran resultar lesionadas.
El ataque se produjo alrededor de las 4 de la mañana del domingo, hora en que cientos de jóvenes y adultos asisten, cada fin de semana, al boliche El Rey, uno de los más concurridos de la ciudad.

El tercero en un mes

Como en una carrera que cada vez es más veloz, los tiroteos comienzan a ser más frecuentes y a la vista de todos en las calles de Tartagal. El ataque al choripanero, cerca del boliche El Rey, el domingo pasado, es el tercero que ocurre desde principios de agosto hasta ahora. Tanto las dos balaceras anteriores como esta última dejan abiertos serios interrogantes sobre el trasfondo que hay detrás de ellos. De las pericias policiales se desprende, hasta el momento, que no habría habido intenciones de robo. Más bien las versiones que se conocieron extraoficialmente (la Policía y la Justicia mantienen bajo secreto los casos) siempre apuntan a un ajuste de cuenta o una venganza.


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