Desde hace mucho tiempo viajar en un colectivo de cualquier línea de Saeta en una verdadera odisea durante la madrugada. Y mucho más si uno debe ir a trabajar un sábado o domingo cuando es la hora "pico" de la salida de los jóvenes de los boliches. Un 80% de ellos sube alcoholizado o drogado.
Esta madrugada no fue la excepción, un grupo de jóvenes, todos fuera de sí por el alcohol consumido durante la noche de juerga, subieron en el interno 123 del Corredor 1A en la parada de la Terminal de Omnibus. Antes, atrás de esa misma unidad, ya había un grupo que venía gritando, cantando e insultando. Subieron unos 14 pasajeros entre hombres y mujeres, de ellos sólo 4 pagaron el boleto, el resto se fue hacia la parte de atrás.
En la avenida San Martín, con el colectivo casi lleno, comenzó a perforar el ambiente un olor fuerte a marihuana que se mezclaba con el hedor del alcohol. Muchos pasajeros comenzaron a abrir las ventanillas para "airear" el ambiente. Hasta ahí, más allá de algunos epítetos fuera de lugar a alguna mujer, o al chofer, las cosas transcurrían dentro de lo "normal" de una madrugada de un fin de semana.
Hasta que en la avenida Jujuy explotaron los ánimos, un grupo de 10 muchachos, todos jóvenes alcoholizados comenzaron a pelearse. Patadas, piñas, insultos. Justo en ese momento, en la parada de la calle Tucumán subió un policía, el cual intentó calmar los ánimos. No pasó. Estos descontrolados jóvenes siguieron pegándose a mansalva, mientras que el resto de los pasajeros miraban incrédulos lo que ocurría a sus espaldas. "Esto pasa todos los fin de semana. Siempre son los mismos chicos. Yo viajo a trabajar y debo convivir con este descontrol los fin de semana. El pobre chofer muchas veces se debe hacer el distraído porque lo amenazan y lo patotean. Es increíble que debamos viajar de esta manera", le dijo Nora aEl Tribunoa través de elWhatsApp.
El Policía logró calmar los ánimos y que cuatro de los "revoltosos" se bajaran de la unidad 123 del Corredor 1A para que el viaje prosiga. Las cosas se calmaron. Siguieron las canciones de cumbia, el alcohol de mano en mano y el olor a marihuana volvió a ser parte del ambiente.El Policía logró calmar los ánimos y que cuatro de los "revoltosos" se bajaran de la unidad 123 del Corredor 1A para que el viaje prosiga. Las cosas se calmaron. Siguieron las canciones de cumbia, el alcohol de mano en mano y el olor a marihuana volvió a ser parte del ambiente.
"El Gobierno debería tomar cartas en el asunto como así también las autoridades de Saeta. Los colectivos el fin de semana tendrían que tener dos policías que custodien al chofer y lo que ocurre dentro del ómnibus. Viajar a esta hora es una odisea para los que vamos a trabajar. Debemos toparnos con esta gente que no tiene respeto por nadie. Que insulta y agrede con total impunidad", agregó muy enojada Nora por lo que le tocó vivir.
Y contó lo que escuchó en un momento dentro del transporte público. "En un momento un joven debió ir para atrás para bajar, una de las chicas que iba con estos muchachos alcoholizados le dijo: Quedate tranquilo amigo, yo te cuido porque estos son capaz de pegarte una patada o una piña por molestar nada más. Ese joven iba a trabajar a Confruthos y pudo bajar gracias a la intervención de esta chica".
Viajar en un colectivo de Saeta los fin de semana se convirtieron en una verdadera odisea para aquellos que van a trabajar o que vuelven a sus casas tranquilos luego de una noche de esparcimiento, porque el control lo tienen ellos, los jóvenes alcoholizados que hacen del colectivo un viaje de terror y descontrol.

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