Un voto con esperanza

José Armando Caro Figueroa

Un voto con esperanza

Hoy, como es mi costumbre, votaré a primera hora en la escuela Madre Tierra de Vaqueros. Lo haré, con la secreta esperanza de que la voluntad libre de los argentinos inaugure una etapa de concordia. Es verdad que necesitamos ideas, proyectos y liderazgos aptos para resolver nuestras angustias económicas, los agobios de la inseguridad, el desafío del narcotráfico.
Es cierto que las nuevas autoridades tendrán la responsabilidad de consolidar una democracia republicana y restañar las heridas causadas al entramado institucional. Pero por sobre todo, los argentinos precisamos un largo tiempo de concordia, de diálogo, de tolerancia de lo diverso, de libertades, de garantías republicanas, de cohesión territorial, de integración, de paz social y de paz cívica.
Deseo una larga etapa de patriotismo constitucional. De jueces independientes y eficaces. De gobernadores inteligentes y federalistas. De ciudadanos solidarios viviendo dentro de la ley. De autoridades sobrias y honradas que huyan de la megalomanía y sean capaces de separar la gestión pública de los negocios privados.
Cuando pienso este mismo futuro en términos estrictamente salteños, mi aspiración coincide con la de quienes demandan las reglas y las inversiones que nos permitan salir, de una vez para siempre, del subdesarrollo. Esa lacra que en Salta produce pobres y marginados, que engendra nepotismo, que logra que la opería desplace al mérito, y que tolera los abusos de los poderosos y que calla ante su despreciativa soberbia. Ninguna sociedad puede resolver sus problemas bajo la ley del odio ni siguiendo la consigna "Al amigo, todo. Al enemigo, ni justicia".

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