Una cartera a llenar.

Susana Merlo

Una cartera a llenar.

Si para la dirigencia sectorial esta nueva etapa constituye un desafío, ya que acaba de perder las banderas centrales de su reclamo de estos últimos 12 años: las retenciones (impuestos a la exportación), y las restricciones comerciales (precios sugeridos, cupos, Roes, precios máximos), con lo que van a tener que buscar renovados contenidos y planteos, la situación tampoco es menor para las noveles autoridades.
Es que la cartera de Agricultura hoy Agroindustria, casi sufrió a la par del sector, el destrato, el desguace y el ninguneo de parte de las máximas autoridades del país.
Devaluada desde hace muchísimo tiempo, en parte por la dependencia casi obligada que tiene de la órbita económica que es la que incide y determina sus principales cuestiones, pero también por la sucesión casi continua, de poco competentes titulares de la cartera, se convirtió en el último período, en apenas un apéndice de la Secretaría de Comercio y hasta de la AFIP, ambas reparticiones con mucho más poder "real" que el propio Ministerio cuyos funcionarios se dedicaron, más vale, a acumular millaje con viajes a los más variados destinos, mientras el área se deterioró y retrocedió igual que buena parte de la producción agropecuaria.
El debilitamiento fue continuo durante la Era K, aunque se aceleró exponencialmente durante la administración de Cristina Fernández, cuando el enfrentamiento llegó a su máxima expresión, y con el, también el deterioro que la convirtió en apenas una "formalidad", y un reducto financiero de algunos de los sectores más radicalizados, como el del expiquetero, y luego subsecretario, Emilio Pérsico, a cargo de una cuantiosa caja, y que estuvo a punto de quedarse, aún después del reciente cambio de Gobierno.
La atrofia fue continua en la Era K, pero que se aceleró en la estadía de Cristina.
Ahora, contrarreloj, la cartera debe rearmarse y recuperar las áreas y funciones sucesivamente perdidas, como Alimentos, que terminó en Industria, pero que naturalmente debe formar parte de la "cadena" de Agricultura.
Pero por el momento, al margen del cambio de denominación, no se sabe mucho más. El Plan no se conoce, solo medidas aisladas de política económica general que afecta a todos los sectores productivos por igual (recorte de retenciones, eliminación paulatina de restricciones al comercio, etc.) que, incluso, se tomaron con la prioridad del ingreso de divisas más que para alentar la producción de bienes. Fuera de esto no se ve mucho más por ahora, ni institucional, ni sectorial. En el primer caso, Agricultura debe recobrar personal de la "línea", la verdadera fuerza de cualquier área ejecutiva, y un organigrama racional. También debe incorporar profesionales específicos. Por caso, todos los nuevos funcionarios son de la producción agropecuaria pero, llamativamente, ninguno proviene de la "agroindustria".
Tampoco se incorporaron especialistas en alimentación, nutricionistas, política y comercio internacional, etc.
Los nuevos funcionarios, ni siquiera tuvieron la picardía de copiar acciones anteriores, cuando también hubo inundaciones, y tan importantes como la actual, a fin de implementar las acciones inmediatas que, al menos, atenúen algunos de los daños, y eviten otros.
Por eso, es imprescindible que se "llene la cartera" de Agroindustria cuanto antes, porque solo con voluntarismo no alcanzará.

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