Por duodécimo año consecutivo San Jorge caminó entre sus devotos salteños y los bendijo. A las 17 de ayer, bajo un prisma solar interrumpido por densas nubes, los cantos bizantinos en árabe y griego trasponían el portal orlado de palmas de la parroquia San Jorge. Las alabanzas a Dios y los santos llegaban hasta los 230 alumnos de catequesis que en un año recibirán los sacramentos de la Confirmación y la Comunión. Prolijamente formados sostenían en sus manos íconos del patrono de la comunidad católica ortodoxa, para difundir la fe, la vida y el testimonio del santo. Entre esas filas El Tribuno halló a Yolanda Muruaga (42), una católica ortodoxa conversa. Ella contó que durante una época muy difícil de su vida recibió contención de la comunidad de la parroquia San Jorge y por ello se dedica a instruir allí en la doctrina de la fe católica. "Para los chicos asistir a la procesión es importante porque es parte del testimonio de la Iglesia. La devoción por San Jorge es tan increíble que vienen delegaciones desde Jujuy, Catamarca y Santiago del Estero a conocer el templo de Salta durante las vacaciones de verano", expresó.

Minutos más tarde, la Banda de Música de la Policía de la Provincia, dirigida por el oficial mayor Ramón Morales, recibía con una marcha triunfal a los íconos del Rey de Reyes, Nuestra Señora de Soufanieh (Damasco, Siria) "la que llora aceite en la frontera, con lo cual cura", Nuestra Señora de la Rosa y el mártir San Jorge, llevados en andas por la guardia de honor de la Caballería.

Encabezaban la comitiva los abanderados de la escuela Nº 4015 Remedios de Escalada de San Martín, depositarios y custodios de la bandera de la República del Líbano, y los grupos de scouts N° 1116 San Jorge y el de abuelas San Joaquín y Santa Ana de la parroquia San Jorge. Durante el recorrido por las calles Urquiza, Alberdi y Alvarado se sumaban cristianos, la mayoría de ellos romanos como Jorge Mosa (24), del barrio Bancario, quien asistió en compañía de su madre. Luego de meditar un mensaje del apóstol San Ananías: "Tu palabra es antorcha para mis pasos y luz para mi sendero", grabado en un cartel por los niños de catequesis, hizo una reflexión. "San Jorge es patrono mío por mi nombre, heredado de mi papá, y siempre me ayudó en las ocasiones en que lo necesité. Siempre le ruego por la protección de mis seres queridos y amigos. Le pido que sea la luz en el camino de ellos. Él es mi fortaleza", aseguró.

Servidores de la parroquia iban abriéndose paso entre la nutrida concurrencia, repartiendo palmas bendecidas. Gracias a ellos Ricardo Párraga (56) y su esposa Mirta Brizuela (50) cuatro de sus seis hijos y dos de sus nueve nietos, todos católicos romanos, vivieron nuevamente la fiesta de Ramos. "Tenemos a San Roque entronizado en nuestra casa porque le encomendamos nuestra salud y hasta ahora nos ha cumplido siempre", dijo Ricardo. Ellos también iban compartiendo souvenires entre los fieles. Esta es una costumbre que viene cobrando fuerza en Salta, transpolada de otros cultos como el de San Silvestre y el de la Virgen de Urkupiña. Así con cada gracia concedida y en una vela o rosario tricolores (verde, rojo y blanco) se dona y testimonia la fe. San Jorge, el que iba ataviado con la armadura de la fe y el casco de la gracia de Dios, se multiplicaba en imágenes e íconos. Josefina (55) lo apretaba en su pecho. "Le doy gracias porque me restableció la salud. Él ha intercedido para que Dios me hiciera milagros porque, como se dice, la fe mueve montañas", confió. Y si la fe alcanza, entre las intenciones también se oró "por los países que sufren el horror de la guerra", una prece que, sin dudas, caló hondo en los refugiados de Siria que ayer participaban de la celebración.

Una ofrenda floral

El que "venció a una legión de demonios y es un sol voluminoso de la bóveda celestial" tiene adeptos entre los floristas de la Urquiza y Pellegrini, como Teresa Ramos, quien donó crisantemos blancos y orquídeas silvestres para las andas de los íconos. "Le agradecemos porque nos ayuda a seguir adelante con el negocio", contó Susana Villarrubia (40), nuera de Teresa.

Un recuerdo

Al término de la procesión el padre Adolfo Barrionuevo, destacó la participación del cuerpo motorizado del 911, que también se puso bajo la protección de San Jorge. Además como la religión trasciende la vida terrenal y las preces llegan a los cielos, el padre Elías Barrionuevo pidió aplausos para la periodista Mónica Petrocelli, fallecida en enero de este año. "Ella siempre acompañó la procesión y hoy está en presencia de Dios", dijo. Luego los scouts soltaron globos blancos con pedidos de paz y prosperidad. Tras la misa, las sombras abrazaban a los fieles que llevaron a sus hogares el corazón iluminado por la antorcha refulgente de la fe. Se iban yendo con el pan bendito bajo el brazo, despedidos por las inflexiones de los cánticos de Bizancio: "No dejes que la noche nos sorprenda sin ti. Quédate con nosotros, señor de la promesa".

Una ofrenda floral

El que “venció a una legión de demonios y es un sol voluminoso de la bóveda celestial” tiene adeptos entre los floristas de la Urquiza y Pellegrini, como Teresa Ramos, quien donó crisantemos blancos y orquídeas silvestres para las andas de los íconos. “Le agradecemos porque nos ayuda a seguir adelante con el negocio”, contó Susana Villarrubia (40), nuera de Teresa.


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