A diferencia de otros estimulantes americanos como el chocolate o el tabaco, la coca no tuvo éxito en las costumbres occidentales. Su rechazo se debe tal vez a la cuestión estética, ya que para su consumo debe armarse una bola de hojas en la boca y coquear.
La saliva, ayudada por un álcali como el bicarbonato o la ceniza, extrae los químicos del vegetal. A veces la boca queda verde y el aliento con un tinte especial: no se ajustan al protocolo actual. Sin embargo, se halla integrada a la farmacopea popular.
En general se supone que tomar una taza es "bueno para la salud". Por sus propiedades vigorizantes acompaña a los profesionales, oficinistas u obreros- que deben pasar una larga jornada en actividad.
En el resto del país se ignora que en el NOA se coquea tradicionalmente. Se relaciona la hoja con Bolivia o directamente con "el mundo de las drogas".
Pero coca no es cocaína. Como uva no es vino ni cebada cerveza.
Los intereses desatados en el descubrimiento de la cocaína fueron en contra de la hoja. En la "Leyenda de la Coca" se adjudica el descubrimiento de la planta al último de los sabios, los "yatiris". Antes de morir señala a su pueblo recién conquistado el último don del Sol: la coca, el árbol. "Ella atenuará tu sufrimiento en los tiempos severos que se aproximan, pero al opresor le traerá estupidez y muerte", sentencia.
Como signo y símbolo de la historia de la región, muchas son las lecturas en torno a la coca. Quizás uno de los más importantes trate de un valor extraviado en el bullicio de la globalidad: la pertenencia.

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