Una de las tareas de la comunicación política es disfrazar la debilidad en fortaleza y eso es lo que el Gobierno intentó instalar luego de que Mauricio Macri se resignara a aceptar la sanción de la ley antidespidos para luego vetarla.
El recorrido de la ley de emergencia ocupacional impulsada por el Frente para la Victoria, y su desenlace, dejó heridas en todos los espacios y la certeza de que nadie tiene la vaca atada a la hora de encarar un debate en el Congreso.
Sin margen para revertirla y tanteando el registro de daños, Macri dio pie a la sanción -el bloque de Cambiemos se abstuvo en la votación-, le impidió un mayor lucimiento a Sergio Massa en su rol de árbitro y al día siguiente anunció su anulación.
El veto es una herramienta constitucional y fue promovido como un gesto de fortalecimiento de la autoridad presidencial frente a un PJ siempre amenazante cuando le toca estar en la oposición, pero no deja de ser uno de los pudores de la democracia.
Conscientes de que esta situación puede repetirse ante el actual escenario legislativo, el Gobierno amplió sus acercamientos a gobernadores y sindicatos de base peronista, que fueron facilitadores y promotores de la ley antidespidos.
A través del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, la Casa Rosada formalizó un acuerdo con todas las provincias -definido como histórico- para la devolución de fondos retenidos desde 1992 por la Anses de la Coparticipación Federal.
Y convalidó una suba del 33 por ciento en el sueldo mínimo dentro del Consejo del Salario, con lo que garantizó la continuidad de esa institución emblemática para los gremios y la flexibilización solapada de una pauta de inflación que había fijado en 25 por ciento.

Prioridades

En la misma sesión en la que se aprobó la ley antidespidos, la Cámara de Diputados dio "media sanción" a la devolución del IVA de productos de la canasta básica a jubilados y beneficiarios de la asignación universal por hijo (AUH) y del proyecto de Acceso a la información pública, una larga demanda de las ONG que bregan por la transparencia y la lucha contra la corrupción.
Esa agenda está en línea con las nuevas demandas de la sociedad. Según la encuesta de abril de la consultora Management & Fit las principales preocupaciones de los argentinos son: la inflación (25,8%); la corrupción (19,6%); la inseguridad (13,3%), la desocupación (13%) y la suba de tarifas (11%). Durante diez años la prioridad fue el combate a la inseguridad.
La misma encuesta reflejó una baja en la gestión del gobierno y de la imagen del presidente de unos cinco puntos (52% a 47%) respecto de la medición anterior, pero se mantienen las expectativas favorables sobre el Gobierno.
"El 90% que votó a Macri no está arrepentido de haberlo hecho", señaló Mariel Fornoni, directora socia de la consultora, quien agregó: "La gente percibe que va a tener que hacer un esfuerzo este año".
De acuerdo con ese registro, María Eugencia Vidal es la dirigente nacional con mejor imagen.
La gobernadora bonaerense tiene un diferencial positivo de 29,9% (47,1% positiva menos 17,2% negativa).
En segundo lugar se ubica Massa con un diferencial de +26,3% y luego aparece Macri con +19%.
"Todos bajaron en el último mes, pero Vidal sigue al frente", señaló Fornoni, respecto a la medición de mayo que aún no fue difundida.

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