Mauricio Macri designó como su canciller a Susana Malcorra, actual jefa de Gabinete del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.
La elección muestra que el presidente electo quiere orientar la política exterior hacia un perfil de modernización tecnológica y deja la tarea a una ingeniera electrónica, con amplia experiencia en empresas privadas y en organismos internacionales.
Nacida en 1954 en Rosario de Santa Fe, Malcorra se incorporó a Naciones Unidas en 2004 como oficial principal de Operaciones y Directora Ejecutiva Adjunta del Programa Mundial de Alimentos (PMA), supervisando diariamente las operaciones humanitarias y de emergencia. En marzo de 2008 pasó a ejercer el cargo de secretaria general adjunta del Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno y en marzo de 2012 fue promovida a su actual cargo. Antes de incorporarse a la ONU, se desempeñó durante catorce años en IBM y once años en Telecom Argentina.
Al anunciar su decisión, Macri la describió como "una mujer inteligente, vigorosa y sabia, que viene a sumar su visión de la política internacional en esta nueva etapa de cambio que pronto empezaremos".
En un párrafo donde explicita que está dispuesto a dar un drástico giro a los vínculos de Argentina con el mundo, el presidente electo afirmó que "la Argentina necesita vincularse con los demás países del mundo para desarrollar oportunidades de crecimiento y prosperidad para todos los argentinos".
Elogios de Ban Ki-moon

"Susana Malcorra ha estado a mi lado durante uno de los períodos más activos y turbulentos en la historia de Naciones Unidas. En todo momento he valorado su consejo, admirado su dedicación y beneficiado de su liderazgo", dijo Ban Ki-moon en un comunicado.

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"Es una persona muy respetada en el mundo", dijo,y destacó sus condiciones "para guiar la respuesta de Argentina ante los desafíos globales y profundizar los lazos con Naciones Unidas". El diplomático surcoreano agradeció a Macri por "reconocer el valor de la experiencia en la ONU".
En política exterior Macri ya fue explícito. Quiere romper con el ya decadente "eje bolivariano", salir del encierro crítico en que cayeron el Mercosur y más aún la Unasur y se propone sumarse a la Alianza del Pacífico. El país necesita reinsertarse en el mercado financiero del mundo, pero sobre todo normalizar el comercio exterior, un espacio donde en los últimos nueve años retrocedió notablemente.
Un país que se alejó del mundo real
La cultura política argentina ha perdido la noción de la importancia de no vivir a contramano del mundo. La política exterior de los últimos doce años fue, además, errática y contradictoria. La ideologización de los vínculos con los países vecinos chocó constantemente con la dureza del mundo de los negocios. La ruptura de los compromisos de provisión de gas a Chile y la compra de gas carísimo a Bolivia están en la matriz del actual naufragio del kirchnerismo, que nunca logró resolver la ecuación energética. La aniquilación del vínculo con Uruguay, con un pretexto ambiental pero sin fundamento real, y la dependencia excesiva de Brasil fueron el resultado de hacer política exterior sin objetivos de Estado.
Todo indica que la alianza bolivariana con Venezuela e Irán tendrá un final abrupto, mientras que los vínculos con Rusia y con China serán sometidos a replanteo.
Se insinúa ahora una nueva política exterior que, como tal, debería estar regida por los intereses nacionales y no por urgencias internas del gobierno.

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