Descalzos, casi sin ropa en sus cuerpitos y atormentados por la situación, la madrugada del 1 de julio el llanto de los hijos de Gabriela Surita se tradujo en uno de los primeros indicios del despiadado crimen. El mayor de los hermanos, de cinco años, salió junto a sus dos hermanas, la bebé de siete meses en brazo y la otra de 3 años caminando de su mano. A paso cansino y tembloroso, se lo observó salir por el garaje de la humilde casa, mientras Gustavo Herrera Leañez (30 años) terminaba con la vida de su mamá. Desgarrador.
"El Cabeza está golpeando a mi mamá" o "el Cabeza mató a mi mamá con un ladrillo" son las frases que, según testigos, expresó el niño al salir de la vivienda ubicada en Merado Cuéllar 2520 de villa Lavalle, en la zona sudeste de la ciudad. Las declaraciones del menor de los hermanos fue una de las pruebas contundentes que tuvo la causa Surita, la joven madre asesinada esa madrugada por Gustavo Herrera, sentenciado a prisión perpetua por ser considerado autor material y penalmente responsable del delito de homicidio doblemente calificado por mediar relación de pareja y violencia de género.
"Fue una escena terrible, a las cinco de la mañana, el más grande, sin ropa, dando muestra que efectivamente el tal Cabezas -Herrera- estaba matando a su mamá. A este fiscal le tocó estar en el circuito cerrado de televisión y vivenciar el claro daño psicológico de los chicos. En ese momento el hijo mayor de la víctima dijo: "El Cabeza la mató a mi mamá". Un testimonio contundente, lamentablemente por la edad de la víctima. Esa audiencia tuvo que ser suspendida a pedido de esta fiscalía para evitar incrementar el daño psicológico de la víctima", expresó en el último día de audiencia Pablo Paz, el representante del Ministerio Público Fiscal.
El primero que observó y sintió el dolido llanto de los menores esa oscura mañana fue Santos David Lemos, alias Willy. El hombre fue uno de los testigos de la causa, narró que en ese momento estaba tomando afuera de su casa -al frente de la casa del crimen- y cuando escucho y vio a los chicos cruzó a ver qué pasaba. De esa manera también se transformó en uno de los receptores de la cruda frase que tiró el niño sobre el crimen de su mamá. En el interior de la vivienda yacía el cuerpo de la víctima tras recibir el tremendo golpe en la cabeza con un enorme bloque de cemento. Testigos, incluso personal policial, dijeron que en el momento del crimen también el padre del femicida estuvo presente.
"Entrá y fijate lo que ha hecho ese h...de p....", dijo el padre de Herrera, según el testimonio del sargento Orlando Flores -personal policial-. El efectivo ingresó y pudo observar, a través de su linterna, el cuerpo de Gabriela Surita con un bloque de cemento en su cabeza. Mientras, algunos metros de distancia los hijos de la víctima recibían el consuelo de los primeros en llegar. Niños a los que la Justicia deberá ayudar para que esa indeseada huella logre cicatrizar y puedan vivir en paz junto a ella. Tras el crimen, los menores quedaron a cargo de la familia de Carlos Ramos, esposo de Gabriela Surita, actualmente detenido en villa Las Rosas, y luego pasaron a manos de su tío materno, Marcos Surita.

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