El juicio por el secuestro y desaparición en junio de 1975 de Miguel Ángel Arra se inició ayer en el Tribunal Oral Federal de Salta. En la primera audiencia prestaron declaración dos hermanas de Arra, Marta Mercedes y Estela Inés.
Tras la presentación formal y la advertencia sobre decir la verdad aunque haya una relación manifiesta con la víctima de la causa, Estela Inés irguió el torso, empuñó el micrófono y de cara al triunvirato de magistrados afirmó con vehemencia: "Eso es precisamente lo que quiero, decir la verdad y que sirva para que se haga justicia".
Por la causa están imputados dos de los principales mandos de la Policía de Salta de aquel entonces. El comisario general Joaquín Guil, que ejercía como director de Seguridad, y el coronel Miguel Gentil, por entonces jefe de la fuerza provincial. Ambos ya fueron enjuiciados y condenados en otras causas por delitos de lesa humanidad cometidos en la década del 70.
En este caso en particular, Guil y Gentil están acusados como autores mediatos de privación ilegítima de la libertad y homicidio doblemente agravado en perjuicio de Miguel Ángel Arra, quien desembarcó en Salta en 1973 para ejercer como docente de Biología en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Salta (UNSa).
Cuando fue desaparecido, Arra ya no estaba radicado en la ciudad, vivía en el litoral adonde había conseguido reinsertarse como docente universitario. Como profesor de la UNSa había sido suspendido tras la intervención que el Gobierno nacional, a cargo de Estela Martínez de Perón, había hecho de la gestión del rector Holver Martínez Borelli, y del gobierno de Miguel Ragone en la Provincia.
Según relataron las hermanas y otros testigos en la primera audiencia de ayer, Miguel Ángel mantenía una relación de pareja con Cecilia, a quien conoció en su paso por la universidad salteña. En junio de 1975, Arra viajó a Salta para ver a su novia, celebrar juntos el cumpleaños de su suegro y terminar de llevarse sus pertenencias. "La mayoría eran libros", contó Marta Mercedes, una de sus hermanas.
Se albergó en un hotel, pues no era oriundo de Salta, es decir, no tenía familia para alojarse con ellos. Cecilia supo que algo raro había pasado cuando Miguel Ángel no asistió a una cita en una plaza céntrica, adonde se encontrarían tras la asistencia de ella a clases. Avisó a los parientes del joven docente en Paraná, y de inmediato su padre y una de sus hermanas partieron hacia Salta.
Recorrieron todos los lugares posibles, entre ellos el propio hotel adonde se había alojado Arra. "La gente que trabajaba ahí nos dijo que policías de civil ya se habían llevado las pertenencias que mi hermano había dejado", contó Marta Mercedes, y añadió: "Lo único que pudimos recuperar fue parte de su ropa que habían mandado a la lavandería antes de que la Policía incaute todo".
"A mí nunca me terminó de convencer el padre de Cecilia, de hecho, cuando llamé hace unos años para comentarles que seguramente los llamarían para formar parte del juicio, la madre fue muy hostil, no quería darme el número de Cecilia", disparó Estela Inés, la otra hermana.
Gentil, por su parte, pidió la palabra en un momento para defender su inocencia.
Tras ello, remató subrayando: "No tengo más nada que decir ni preguntas que contestar".

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