Una maravillosa escuela de vida

Humberto Echechurre

Una maravillosa escuela de vida

Jim Roberts, exdirector general del diario The New York Time, de reciente visita en la Argentina, precisó sobre la profesión: "Ser un buen periodista en el siglo XXI es más que informar sobre lo que pasa en la realidad; los periodistas deben entender los procesos de cambios, y abrazarlo, ya que sino estaremos destinados a fracasar", argumentó.
En un reciente seminario, cuando los partidarios de los blog, Twitter y Facebook, empezaron a dominar la situación, aparecieron quienes, por el contrario, permanecen aferrados a valores esenciales del periodismo. Sin dudas el desafío que se presenta en este escenario, consiste en evaluar las herramientas de la tecnología, por un lado y la vigencia del periodismo, a través de la fragmentación de la genuina llama de la pasión.
Tomas Eloy Martínez lo anticipó en 1997, al comentar que dicha situación se notaba más cuando los editores se preguntaban cómo contar la historia que sus lectores han visto y oído decenas de veces en la televisión o en la radio ese mismo día.
En esta fecha que se celebra el "Día del Periodista", en lo que a mí respecta y como respuesta, la profesión sigue siendo tan incesante y apasionante como el primer día. Si volvería a nacer, una y otra vez elegiría esta maravillosa profesión. Poder contar los que otros callan, ejercer el mejor oficio del mundo, como decía Gabriel García Márquez, compartir la valentía de Rodolfo Walsh en esa invaluable carta a la Junta militar, en plena dictadura, que a los dos días le costó la vida. Antes que una profesión o un oficio, el periodismo es una manera de vivir, una forma de compromiso con los demás. Y ese compromiso implica unos ideales, unas normas de conducta ética, perfeccionamiento y entrega. Taicionar esos principios, dejar que el tiempo y la comodidad los devalúen, supondría ser indignos de todos esos compañeros que siguen abriendo con surcos de dolor y sangre el camino por el que transitamos todos los demás. Esos compañeros que en distintos lugares del mundo pagan un precio tremendo por transgresiones mucho más veniales que las que a nosotros, en definitiva, nos terminan tapando las heridas con medallas. Ellos, los perseguidos, los encadenados, los asesinados son lo mejor de nosotros mismos. Hoy, el paso de los años no altera, de ninguna manera el desafío: es todo parte de un mismo "combo": acción, mucha pasión y de vez en cuando, algo de desencanto". Pero, en definitiva, como decía el cubano Alejo Carpentier: "Una maravillosa escuela de vida".

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