La Asociación de Jueces de la Provincia de Salta, conjuntamente con la Caja de Seguridad Social para Abogados provincial realizarán mañana, viernes 2, a las 16, en la Ciudad Judicial, un "Encuentro sobre Derecho y Literatura" en homenaje a Jorge Luis Borges con motivo de los 30 años de su muerte.
Estructurar el homenaje no con temas meramente académicos sino a través de la literatura, promoviendo la lectura para una mejor justicia, es una doble novedad. Por apartarse de homenajes académicos, por un lado, y por otro porque la iniciativa surgió de un conjunto de jueces de la provincia; se patentiza así el registro del cambio que sacude a todo el mundo occidental hoy, repentinamente distinto y casi opuesto al conocido hasta ayer.
Reemplazar los modelos, inventar nuevas alternativas, desarrollar procedimientos y herramientas intelectuales impensables hasta ahora, es un imperativo de estos nuevos tiempos.
Un ejemplo de alto voltaje es Finlandia, país líder en educación de calidad. Desde este año los fineses han comenzado a suprimir el estudio de las asignaturas clásicas, radicalmente el enfoque: ahora la educación se realiza en pequeños equipos, los alumnos pueden elegir un tema de su interés y planificar su desarrollo junto a sus profesores que en lugar de clases magistrales harán una tarea más parecido al trabajo de un consejero o de un entrenador que al de un catedrático.
Algunas señales de cambio se esperan de la Justicia, que hoy, ante la mirada de la gente, no pasa por un buen momento. Los jueces ya no "hablan sólo por sus sentencias", y tienen un saludable optimismo y apertura para encontrar nuevos paradigmas y desafiantes singladuras; si un comienzo de solución consiste en aceptar la existencia del problema, otro paso es reconocer que las soluciones serán muy diferentes, especialmente de las clásicas ya probadas. La literatura, una de las cuatro artes mayores, puede ser un buen puerto de partida para esa navegación.

El lenguaje natural y el de la Justicia

El lenguaje es una herramienta de comunicación entre los hombres qué nació junto con la humanidad; con él pudieron comunicar hechos y sentimientos en la vida cotidiana; al evolucionar ambos, el lenguaje se tornó cada vez más complejo, al igual que el resto de las herramientas. Convertido en un conjunto de símbolos convencionales que los integrantes de una comunidad tácitamente acordaban, cada palabra tuvo entonces uno o varios significados. Era sólo un ruido con un significado acordado, pero sin necesidad de una relación concreta entre la palabra y los objetos que representaba. Un tosco ejemplo de esto es que la palabra "perro" nunca muerde, y que en cualquier otra comunidad que no sea hispanoparlante, "perro" es sólo un ruido, vacío de significación alguna. En esa comunidad valdrán sus propias convenciones para las designaciones caninas.
Estos lenguajes naturales con el tiempo se complementaron con la escritura, herramienta que le abrió al hombre la posibilidad nuevas cosas: no solo describir objetos o lugares, sino dar órdenes, imponer prohibiciones, transmitir conocimientos, inventar cuentos, novelas, piezas teatrales y poesía, escribir un chiste, traducir un libro, saludar por carta, demandar, sentenciar, agradecer, rogar. La lista sería como la partida de nacimiento del derecho y la literatura. Esos lenguajes naturales, como el castellano, el inglés, el rumano o el sueco fueron utilizados, y se lo sigue haciendo, en los sistemas jurídicos de esas comunidades, tanto para escribir las normas como para redactar las sentencias que ponen fin a los pleitos.
Este ejemplo es una simplificación extrema. Y aunque existe un lenguaje técnico llamado "lenguaje jurídico" su estructura básica es el lenguaje natural, padeciendo de los mismos defectos de éste. La vaguedad de las palabras es uno de esos defectos necesarios: una palabra puede tener varios significados; "Me saco el saco" es un ejemplo de esa vaguedad, o la palabra "lengua" que denota a un órgano de los mamíferos pero también a un idioma. Los ejemplos pueden multiplicarse porque no existe idioma alguno que tenga una palabra individual para cada cosa, para cada hecho para cada circunstancia; no habría persona en el mundo que pudiera memorizarlo. Es necesaria esa "textura abierta" del lenguaje para poder manejarlo, pero al mismo tiempo le priva de certezas sobre los significados precisos de cada palabra. Un testigo podrá describir sin duda ninguna como pelada a la persona que él vio huir, pero con la misma energía negarle esa condición, si su recuerdo así se lo indica. Pero entre ambas posibilidades hay una zona de penumbra: un poco pelado, casi pelado, bastante pelado. ¿Cuántos pelos hay que tener para no ser pelado? La respuesta naufraga en el mar de la incertidumbre. Incluso el lenguaje más técnico también exhibe zonas de penumbra en las normas, cuando por ejemplo la ley habla de un plazo razonable, error sustancial, injuria grave, peligro inminente, velocidad excesiva, etcétera. ¿Qué es un plazo razonable, cuando deja de serlo? ¿Cómo se mide lo inminente del peligro, lo grave de la injuria o lo excesivo de la velocidad? Existe una gran cantidad de palabras de lenguaje jurídico qué deambula por esa zona de penumbra causando problemas de interpretación no siempre resueltos por los juristas, qué son los científicos del derecho. Entonces, con un caso concreto que ha llegado a sus manos el problema se traslada a los jueces. Ellos tendrán la delicada tarea de otorgar las certezas aplicables en cada causa en esa zona poco iluminada del lenguaje jurídico. De allí la importancia que tiene para lo judicial, las vicisitudes de la lengua en orden a la precisión de su significado.

Lenguaje natural y jurídico

La utilización que diariamente se hace de esta herramienta es enorme, siendo el uso descriptivo el más común de todos; en mucho menor medida aparece el uso emotivo, destinado a despertar sentimientos en el oyente o el lector (ira, simpatía, rechazo, odio, piedad, entusiasmo) sin comunicar ninguna idea. Los insultos dirigidos a la madre o los cantos de la hinchada futbolera son casos muy frecuentes.
El uso prescriptivo o imperativo resulta corriente en las leyes y otras normas del derecho. O la parte dispositiva, que clausura una sentencias, antes de ese punto el lenguaje es descriptivo. Por último en una ínfima cantidad de ocasiones, se hace un uso operativo del lenguaje, mayormente está anclado en el mundo jurídico: un lacónico "sí" pronunciado ante el oficial del Registro Civil puede convertir instantánea y automáticamente a una persona soltera en casada, variando en un segundo muchos de sus deberes y derechos. Leyes, decretos, ordenanzas, normas y sentencias, exhiben igual causal de controversia, al ser susceptibles de interpretaciones distintas en ciertas ocasiones, porque exhiben las mismas faltas que tiene el lenguaje natural que utiliza. No alcanza con la inserción de un vasto repertorio de palabras técnicas. No es el jurídico un lenguaje formal, artificial, cerrado, como es el caso de la matemática, la lógica, el lenguaje computacional o el de la música. El olvido o la ignorancia de estas características de la herramienta originan muchos desacuerdos entre los juristas, disgustos entre los abogados y errores en las sentencias. Al describir la aptitud del lenguaje para llevar a cabo infinidad de acciones, que incluyen al teatro, la poesía, los cuentos, la novela, se le reconoce al lenguaje escrito el mérito de haber permitido la creación y el desarrollo del hecho literario, erigiéndose la Literatura en una de las cuatro artes mayores de Occidente, de manera que resulta oportuno el homenaje anunciado por la Asociación de Jueces de Salta a Jorge Luis Borges no sólo por lo que significa su obra en la literatura mundial sino por los desvelos del escritor sobre este tema puntual. En su obra "El Idioma de los Argentinos" Borges expresa en su inicio que el lenguaje ha sido una de las tres direcciones cardinales que rigen la obra, diciendo "La primera es un recelo: el lenguaje". Su desconfianza quizá se explica a través de una metáfora que incorpora casi al finalizar el libro: "El lenguaje es como la luna, tiene su hemisferio de sombra". Ella sintetiza toda la certeza que otorga, y al mismo tiempo niega, el lenguaje al hombre justo. El lenguaje desde antiguo ha sido la herramienta por excelencia de la literatura e igualmente en la larga vida del derecho.


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