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"Una mujer pide justicia por sus hijos en conflicto con la ley"
"A los 64 años no he podido encontrar la paz, no puedo tener a mis hijos conmigo y desgraciadamente por ellos estoy pagando el precio de mi pasado", dijo Eugenia Díaz, quien tiene a cuatro de sus cinco hijos varones en conflicto con la ley, mientras que el restante se tiró al abandono y se encuentra completamente dedicado al alcohol.
La desgraciada historia familiar de esta mujer, domiciliada en barrio Ceferino, no parece tener solución inmediata y ella asegura que no hay día en su vida que no se encuentre haciendo trámites para pedir la libertad de algunos de sus hijos, denunciando abusos contra ellos o haciendo fila en la Alcaidía o en el penal de villa Las Rosas para visitarlos o alcanzarles aunque más no sea un poco de amor, enlatado en una mirada o en un gesto. Lágrimas de madre arrepentida.
Eugenia, como cualquier mamá, aboga hasta el cansancio por su hijo más querido, Cristian Gustavo López, quien se encuentra actualmente purgando una condena en el penal de villa Las Rosas.
"No es mi hijo preferido, sino que él es una persona discapacitada mental. No entiende sus actos y su inmadurez lo llevó a que terceras personas lo involucraran en cuestiones de droga, microtráfico como le llaman", afirma.
"Ese chico es el único hijo de los seis que tuve que trabajaba con honradez. Tenía una tapicería que gracias a su labor incansable había hecho prosperar. Era mi sostén, mi compañero en la vida espantosa que sobrellevo sobre mis hombros como una cruz, pero me lo quitaron. A él lo golpearon, le hicieron de todo en la Alcaidía y finalmente lo llevaron a villa Las Rosas", relató la madre.
Eugenia siguió: "Cómo no voy a sentirlo, si desde que lo encerraron todo lo que había hecho se cayó. Le robaron todas las máquinas de su taller y en cada allanamiento que la policía hizo en nuestro domicilio se llevaron un poco más".
Dolida por la situación asegura: "No hay cómo denunciar, ¿sabe por qué? Porque cuando uno tiene un hijo en la cárcel es rehén de la policía. Yo me cansé de denunciar, incluso un jefe de Drogas Peligrosas me dijo hace un tiempo "dejá de denunciar nuestras cosas, porque vamos a hacerles causas a todos tus hijos'', y así fue. Uno por uno fueron cayendo, el último está encausado, pero está en libertad porque padece de esquizofrenia".
La mujer contó que hizo decenas de denuncias por abusos pero todas esas quejas penales cayeron en saco roto.
"¿Cómo puede ser que en la cárcel tengan a un discapacitado preso? ¿Cómo pueden explicar que ni siquiera lo llevaban a cobrar la pensión que le da el Gobierno por su incapacidad mental, por más de cuatro meses? ¿Cómo puedo aceptar que un chico trabajador que tiene sus cosas, no digo que no, esté preso mientras otros peligrosos narcotraficantes de verdad se pasean por las calles en autos de lujo?", se preguntó.
Para esta mamá, "es fácil venir a barrio Ceferino con una planilla prontuarial y detener a todo aquél que tiene antecedentes y endilgarle cualquier delito. Total se le arma la causa y todo cierra como si mi familia o mis vecinos fuéramos los únicos que tenemos conflictos con la ley".
"Esto es una persecución inhumana", dijo la mamá.
Eugenia recuerda a cada uno de sus hijos con inmenso cariño de madre.
Rememora aquellos niños en su infancia y también su paso por Buenos Aires, Luján y en otras tantas ciudades de Argentina, donde trabajó en clubes nocturnos y cabarets.
"Quizá -dijo haciendo memoria-, yo les di demasiadas cosas cuando tenía dinero para gastar y me olvidé de lo más importante: educarlos para el trabajo. Hoy yo me gano la vida cortando el pelo, voy a domicilio y muchos de mis clientes me conocen desde hace mucho tiempo, además tengo mi jubilación, estoy retirada completamente de cualquier otra actividad que pude ejercer en mi juventud y, a la vez, arrepentida. Es como si mi pasado volviera para enrostrarme el camino que elegí siendo joven", relató.
Luego, haciendo alusión a su pedido de clemencia y justicia para su hijo discapacitado que se encuentra privado de su libertad dijo: "Me están cobrando algo que ya pagué hasta con intereses. Nadie puede imaginar el dolor que significa sobrellevar a los 64 años a cinco hijos en conflicto con la ley: levantarse cada mañana para visitar a uno. Hacerse tiempo para un trámite del otro. Ir a la fiscalía a reclamar por los horrores de la cárcel. Pedirle a los jueces clemencia y, despertar en soledad y ver que todo lo que hice me hacen saber que lo hice mal, Aún así, yo soy la madre y no los abandono", cerró con lágrimas.

"Lo que hacés por mes, yo lo gano en un día"
"Cuando fui chica padecí muchos abusos. Incluso de mi propia familia, donde había militares. A los trece años era ya una niña abusada. Cuando murió mi madre me fui a Buenos Aires a trabajar como empleada doméstica. Allí conocí a una chica mayor que yo y ella me dijo un día: 'lo que vos ganás en un mes, yo lo gano en una noche. Así comencé a desandar ese camino equivocado", relató a El Tribuno Eugenia Díaz.
"Cuando uno es joven no ve qué le depara el fin del camino, el dinero me tentó y en esos años nada me faltaba", añadió.
Eugenia aseguró que trabajó más de una década en Buenos Aires, en Luján y en varias ciudades, antes de regresar a Salta.
"Siempre fueron clubes nocturnos o cabarets. A los 32 años me vine de nuevo a Salta y me casé. Aquí la vida nocturna pasaba en esos años por la zona de El Bajo. Aquí trabajé en el 15/14 y en lo de la Tuerta Tota. Luego me retiré para siempre. No tengo buenos recuerdos de esos años, pero sí debo decir que dinero no me faltaba", sostuvo.
"Creo que les di a mis hijos demasiado y no les enseñé lo primordial. Hoy estoy cansada de golpear puertas y que no me escuchen, aunque más no sea por piedad".
"Voy a seguir en la lucha"
Eugenia sostiene que lamentablemente los detenidos por adicciones son muy maltratados.
"Se los guarda como cosas. A mi hijo ni siquiera lo medicaban como estaba prescripto por el médico que lo asistía.
La junta médica que le hicieron determinó que debe permanecer preso a pesar de su discapacidad mental. Esos son los detenidos de la cárcel".

Cansancio
La mamá dijo que golpeó muchas puertas y que todas se cerraron. A pesar del cansancio sostuvo que continuará al lado de sus hijos aunque estos se encuentren presos.
Lo único que ahora anhela es la libertad de Cristián Gustavo, quien sufre mucho el encierro por su enfermedad mental.

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