El pueblo de San Agustín, ubicado en la localidad de La Merced, al sur de la capital salteña, cuenta desde hace cinco años con un comedor para todos los abuelos de la zona.
El comedor de día tiene como actividad principal brindar desayuno y almuerzo a los abuelos del pueblo.
En sus inicios, a este lugar solamente concurrían pocas personas mayores, que eran las que se enteraban de lo que allí se realizaba.
En la actualidad, son 50 los abuelos que asisten al comedor y disfrutan de las actividades que pueden realizar en este lugar, tales como artesanías, pintura en tela, manualidades, carpintería, gimnasia y baile, además de actividades recreativas y de esparcimiento.
Es un sitio completo, que brinda ayuda y no tiene fines de lucro ni políticos. Los abuelos se divierten y se acompañan. Una de ellas, que tiene 98 años, cuenta tímidamente que de vez en cuando "despunta el vicio cantando unas coplas".
Los inicios fueron difíciles, ya que se tuvo que alquilar un espacio físico para que el comedor pudiera funcionar y cumplir el objetivo solidario.

Ayuda, gratitud y ejemplo
Hace un año apareció Emanuel Collado quien, desinteresadamente, prestó un terreno de su propiedad al municipio para que los abuelitos de la zona tengan un lugar más grande y más cómodo del cual disfrutar.
Collado, que se crió en San Agustín, contó que en su infancia estuvo rodeado de personas mayores que lo adoptaron cariñosamente como parte de su familia y le brindaron cariño, juegos, comida, pero por sobre todo mucho amor.
"Tuve muchos abuelos", describe. Esta es la razón por la que ahora, que tiene la posibilidad de retribuir lo recibido en los primeros años de su vida y lo hace apadrinando al comedor de día de San Agustín.
El pasado sábado 11 de junio, Collado organizó una enorme fiesta para los abuelos y contó con la colaboración de 25 jóvenes voluntarios, que ayudaron con la decoración del salón y estuvieron pendientes de todos los detalles para que la noche fuera inolvidable para los protagonistas.
Durante la fiesta se proyectaron en una pantalla gigante videos con testimonios muy emotivos. Las luces y la música le dieron un toque de diversión y color al lugar. Además, fueron sorprendidos con un show de danzas árabes, cuya bailarina fue la hija de Emanuel.
El "padrino" obsequió, además, a cada uno de los abuelos, camperas abrigadas para que en este invierno no pasen frío.
"Para ayudar no hay que tener capacidad económica ni gran investidura; solamente hay que tener un corazón grande y hacer las cosas con amor", finalizó Colado.

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