Cada lector, al igual que la mayoría de los analistas económicos, nos preguntamos cuál será el resultado final de todas las medidas que está implementando el gobierno del presidente Mauricio Macri, comparando con, sin ir más lejos, lo que pasó a comienzos del 2014.
Recordemos que en enero del 2014 hubo una devaluación significativa de nuestra moneda que fracasó, y que impactó negativamente en el poder adquisitivo de los trabajadores.
El peso sufrió una devaluación del 18,7%, la mayor desde 2002, y entre el 23 y 24 de enero el tipo de cambio pasó de 6,912 a 8,0183 pesos por dólar, con picos en 8,40, tras lo cual el Banco Central, presidido entonces por Juan Carlos Fábrega, salió a vender reservas para equilibrar el valor de la divisa estadounidense en torno de los 8 pesos.
Axel Kicillof, entonces ministro de Economía, aseguró que la devaluación no se trasladaría a los precios. "Que yo sepa, los precios de los bienes y el salario en Argentina están en pesos". El kirchnerismo, en general, tiene una relación neurótica con la inflación. Basta escuchar ahora al exministro hablando en las plazoletas camporistas.
Si bien en principio se buscó que los precios de nuestros productos sean competitivos en los mercados internacionales, que es uno de los grandes problemas de nuestra economía, en muy poco tiempo se licuó por la mayor inflación que provocó el paquete.
El gobierno anterior comenzaba a admitir los riesgos de la recesión y buscaba que la medida cambiaria permitiera hacer crecer la economía teniendo como eje la inversión, estancada durante toda la era K.
Se decidió pagar una deuda vencida a valores superiores a su valor nominal con el Club de París y Fábrega aumentó las tasas de interés intentando reducir la cantidad de dinero circulante.
Pero la pretensión de que nuestro país ingresara a los mercados financieros para atraer inversiones de capitales internos y externos se diluyó cuando Argentina entró parcialmente en default al negarse a negociar por la orden del juez Thomas Griesa en el juicio con los holdouts.
Solamente, ya a comienzos del año 2015, el gobierno anterior logró con China un adelanto a cuenta de inversiones en obras públicas (swap) por US$ 11.000 millones, que le sirvió como garantía de que no habrá una mayor devaluación en una época de mucha incertidumbre.
"La política en el corto plazo fue satisfactoria provisoriamente para los consumidores, pero no para la producción y las consecuencias las estamos padeciendo"
Se recurrió al endeudamiento externo para lograr inversión, a pesar de la retórica de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y el resultado a la vista lo ofrecieron hace unos días el presidente Mauricio Macri, el ministro de Transporte, Guillemo Dietrich y el emblemático Florencio Randazzo al inaugurar la electrificación "made in China" del tramo ferroviario Constitución Quilmes de la línea Roca.
El presidente Macri es consciente de que nuestro país debe recuperar el crecimiento económico a través de la inversión pública y privada, está buscando acceder a los mercados financieros y generar confianza con reglas de juego claras.
Estas son algunas de las medidas ya implementadas con ese objetivo:
a) Eliminación del cepo cambiario para lograr un normal desenvolvimiento de las empresas.
b) Acceder al crédito internacional con tasas bajas y a largo plazo para realizar obras de infraestructura.
c) Compromiso de apoyar la actividad privada.
d) Eliminación y disminución de retenciones a las exportaciones agrícolas y mineras incentivando además su industrialización.
e) Mejorar la relaciones con el mundo para abrir mercados y atraer inversiones.
f) Arreglar con los holdouts.
g) Llegar a acuerdos con los trabajadores en un esquema de lucha contra la inflación.
Entre todos debemos contribuir para que las medidas implementadas por el Gobierno sirvan para frenar la inflación, lograr un acuerdo social, atraer inversiones en un clima de confianza y credibilidad para construir una economía en crecimiento.
Por ahora el final es abierto, pero apostamos a la capacidad de nuestros funcionarios y a la motivación de todos los argentinos para lograrlo.
La impericia que dejó su huella
El Gobierno anterior impulsó el crecimiento de la demanda interna a una velocidad mayor que el crecimiento de la oferta (que se materializa con las inversiones), y que trajo como consecuencia la gran inflación que padecemos.
En este esquema de alta inflación, al subir los precios en el mercado interno y utilizar el atraso cambiario como herramienta de contención de precios, generó que nuestra producción fuera perdiendo competitividad en los mercados internacionales, limitándose a abastecer solamente la demanda del país.
Ante esta realidad fueron muchas las industrias que no tuvieron incentivos para invertir y exportar, con el agravante de que acompañaron políticas que restringieron y hasta prohibieron las exportaciones, como así también medidas de contención de precios para beneficiar exclusivamente el mercado interno.
Más allá de lo ideológico, el escenario que dejó la economía de los Martínez de Hoz y los Aleman en 1983 no difiere demasiado del legado de Axel Kicillof.
La política en el corto plazo fue satisfactoria provisoriamente para los consumidores, pero no para la producción y las consecuencias las estamos padeciendo, ya que la producción local solo creció de acuerdo al crecimiento de la demanda interna, aumentó la inflación y disminuyó el ingreso de divisas, El cepo cambiario fue una consecuencia de la falta de dólares.
"Políticas que teóricamente incentivarían la producción local, como las restricciones a las importaciones, trajeron como consecuencia la nula creación de fuentes de trabajo en la actividad privada"
Como ejemplo de mantener estables los precios domésticos podemos citar el mercado de la carne, el trigo y los lácteos, tres sectores que se vieron perjudicados por haber desalentado su producción ya que al tener precios más caros en el mercado interno por la inflación, perdieron terreno a nivel internacional, además de disminuir sus stocks, el actual precio de estos productos es una clara consecuencia.
Estropicio estructural
El gobierno anterior apostó solamente al crecimiento del mercado interno y se negó a desarrollar el sector exportador para sustentar ese modelo.
Este esquema de apostar solamente al mercado interno se viene produciendo desde 1930, después de la gran crisis de esa época, muchas gestiones apostaron a este modelo, ya que no entendieron el carácter de complementarios de los mercados externo e interno.
Con el famoso viento de cola por los altos precios de los commodities que producíamos y las bajas tasas de interés internacionales, Argentina perdió una gran oportunidad histórica en la década pasada ya que desarrolló como se hizo el mercado interno pero falto crear una fuerte infraestructura exportadora.
Son muchas las críticas relacionadas a la estimulación del consumo que generaban una sensación de satisfacción en la economía en el corto plazo.
Políticas que teóricamente incentivarían la producción local, como las restricciones a las importaciones, trajeron como consecuencia la falta de insumos y repuestos para las industrias, la baja calidad de los productos por no haber competencia, aumento de la inflación, cierre de fábricas porque no podían competir con productos importados y escasa o nula creación de fuentes de trabajo en la actividad privada en estos últimos cuatro años.
El desafío
El desafío de este Gobierno será perfeccionar el modelo apoyado en el consumo interno en un esquema para reducir la inflación y con un tipo de cambio competitivo crear los incentivos a la inversión para generar excedentes de exportación. No será una tarea fácil ni corta en el tiempo por la distorsión de nuestras variables macro económicas. Pensemos que si se hubiera hecho en su momento, hoy la discusión sería distinta.

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