¿Quién pudiera haberlo pensado un año atrás?
Una tremenda denuncia de Cristina Kirchner sobre violencia e intimidación de "fuerzas paraestatales", de la que nadie tomó nota, ni para generar adhesiones y ni siquiera para refutarla. Aún los medios pro-K (procaces) Página 12 y C5N, dejaron la noticia en un rinconcito de la información.
Irónicamente (aunque también en el desván de las noticias) fue La Nación, el que más desarrollo le dio, aunque limitándose a transcribir la extensa misiva. Nosotros la rescataremos.
Cristina Elisabet devela la existencia de un "complot" y una "cacería", contra los exfuncionarios kirchneristas, organizada por el Gobierno con los servicios secretos y la complicidad de periodistas y jueces (esos jueces que ella misma sostuvo o nombró y que tardaron casi 10 años en mover los expedientes). La carta se originaba en el hecho de violencia que habría sufrido una de sus propiedades en Rio Gallegos, pero aclaraba CEFK que: "No es cualquier lugar. Es la casa de los padres de quien fuera mi compañero, en la que también viví junto a él y mi hijo recién nacido, hasta que pudimos mudarnos". Enternece pensar que los Kirchner alguna vez vivieron en casa prestada y pudieron mudarse (según se cuenta) a una modesta casa de 60 m2. Luego se convirtieron en abogados exitosos hasta lograr amasar la fortuna de la que la noble viuda no puede disfrutar tranquila.
Pero, repito: nadie se conmovió ni enterneció ni enojo ni cuestionó ni opinó sobre la furibunda misiva. Nadie, nada.

Último tango en Calafate

James Joyce, en su célebre novela Ulises, utilizó la técnica del monólogo interior donde los personajes (especialmente su protagonista femenina, Molly Bloom) dejan fluir atropelladamente sus pensamientos. Se me ocurrió que uno podría imaginar las desbocadas cavilaciones de Cristina Elisabet en ritmo y letra de tangos. Escuchemos ese cruel soliloquio.
¿Qué pasa? "Los amigos ya no vienen ni siquiera a visitarme, nadie quiere consolarme en la aflicción" (La cumparsita). Compañeros, "¿no ven la pena que me ha herido? ¿no ves que vengo de un país que está de olvido, siempre gris? (La última curda). Qué sola me siento! "Uno está tan solo en su dolor... Uno está tan ciego en su penar..." (Uno). Esto me produce "una mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia" (El choclo). Pero "Mi Buenos Aires querido" tenés que pensar que "Cuando yo te vuelva a ver no habrá más penas ni olvido", porque "­como ríe la vida! ­todo, todo se olvida..!" (El día que me quieras). "Hoy que la vida me ha castigado y me ha enseñado su credo amargo", "aprendí que hay que fingir para vivir decentemente; que amor y fe mentiras son y del dolor se ríe la gente" (Madreselva). Porque yo pienso que "si una vuelta te toca hocicar, fuerza, canejo, sufre y no llores" (Tomo y obligo). Me rebelo absolutamente a ser "solo una mueca del viejo pasado, que ya no se puede resucitar". No quiero que se me recuerde como "una mueca de mujer vencida" (Volvió una noche). Pero es cierto que tengo "nostalgias de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó, pesadumbre de barrios que han cambiado y amargura del sueño que murió" (Sur). La verdad es que "Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenen mi soñar". Pero debo confesar que siento "angustia de sentirme abandonada, sola y triste en esta noche, noche negra y sin estrellas..." (Nostalgias). Me parece que cada vez se alejan más mis posibilidades de volver, ni siquiera "adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos, van marcando mi retorno" (Volver). Siento que la política se aleja y que "hoy vas a entrar en mi pasado, en el pasado de mi vida" (Los mareados). Solo espero que la gente, cuando nos recuerde no diga: "­Locos! ­Locos! ­Locos! ­Loca ella y loco yo!" (Balada para un loco). Menos aún que nos señalen diciendo: "­Chorros! Vos, tu vieja y tu papá". (Chorra). No saben, acaso "que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos" y que a "nadie importa si naciste honrao!" (Cambalache). El viento calafateño me grita: "una sombra ya pronto serás, desde que se fue, nunca más volvió" (Caminito) y también "me dice "Es la vida''. Y no lo vi más" (Volvió una noche). "Qué importa perderme, mil veces la vida para que vivir. Cuantos desengaños" (Por una cabeza). Pero debo admitir que, finalmente "me toca a mí hoy emprender la retirada, debo alejarme de mi buena muchachada. Ya me voy y me resigno... Contra el destino nadie la talla..." (Adiós, muchachos).

Al compás de Macri

También a Mau Mac lo atormentan los tangos y la realidad de hoy (que sufren los argentinos) le machaca recordando el tango de Cadícamo: "Al mundo le falta un tornillo", especialmente en estas dos estrofas:
"El ladrón es hoy decente, a la fuerza se ha hecho gente, ya no encuentra a quién robar. Y el honrao se ha vuelto chorro, porque en su fiebre de ahorro él se "afana'' por guardar". "Hoy no hay guita ni de asalto y el puchero está tan alto que hay que usar el trampolín. Si habrá crisis, bronca y hambre, que el que compra diez de fiambre hoy se morfa hasta el piolín."
El tango es como el alma argentina. Dice Enrique Pinti en Salsa Criolla: "Los únicos que sufren en París son los tangueros; el resto lo pasa bomba". ¿Será nuestro destino? Con esto terminamos la nota a toda orquesta. Chan chan.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora