Estos últimos años hubo una guerra ideológica entre los pro ecológicos y los alentadores a energía centralizada, y aquí hay varios tabúes construidos en base a especulaciones y tendencias de intereses creados, valederos de ambos lados, dado que justifican muy bien sus posiciones, y en medio de toda esta controversia se mueve silenciosamente la especulación financiera, que continuamente alimenta a quien le conviene, y ninguna de las partes tiende a consensuar aspectos, porque siempre hay un incipiente estado de ambición, alimentado por sutiles detalles del sistema social actual.
En el caso de las grandes centrales eléctricas o proveedoras de energía centralizadas, es cierto que las eólicas no tienen competencia por ineficiencia de alto consumo, ya que el aspecto desde donde se las compara es la alimentación de un sistema malgastador de energía, todas las ciudades, los ejidos urbanos estándar, tienen por modelo casas derrochadoras de energía, llámese gas, electricidad o combustibles, y el sistema financiero social tiene tanto peso en la vida diaria, económica, política y legal, que es imposible torcer la visión a otra forma de movimiento, la masa tiene una articulación pesada, obtusa y testaruda, controlada por un sistema financiero intrincado e invisible.
No hay casa en el tramado urbano actual que sea posible de conectar a una distribución de electricidad, cloacas, agua y gas que no sea centralizada, y la actitud social de las personas acepta esto como algo fundamental e inamovible, tanto en la educación, como en todo movimiento social heredado.
Las grandes ciudades, mientras mantengan este estilo de vida, dependen de grandes proveedoras de energía y tienen un ciclo de continuo deterioro propio y de su ambiente, pueden alargar plazos en mejorar el tratamiento de sus residuos, pero a la larga sufren el desequilibrio.
En esto influye una tendencia adicta de una simbiosis dependiente, un sistema que se encarga de delegar en otros y de coparticipación impersonal, con la voz "yo pago para...", solventado por un mecanismo económico, político y legal, sistematizado y realimentado por el propio axioma "yo pago para...", o sea imposible de salir sin una base educativa nueva, que es impensable para este esquema. Conclusión, la actual urbanización tiene su movimiento y sus necesidades autoimpuestas.
Cambio de ingeniería social
Mirando las energías "alternativas", que usan viento, sol y agua, desde otro esquema urbano, estas pasan a superar a las energías centralizadas, si cambiamos la ingeniería social, se puede llegar a una ciudad autosustentable generadora de energía, el núcleo básico es usar los generadores eólicos, solares, de agua, y biodigestores en cada vivienda, como una celda de energía, que conectada en conjuntos delimitados por el entorno, se transformen en unidades energéticas autosustentables, algo que es impensable en las actuales generaciones de técnicos, ingenieros, arquitectos, de las presentes universidades, ya que estos últimos después de largos años de sacrificio salen a buscar una posición en la sociedad con el mecanismo que esta tiene.
En zonas de viento podrían construirse casas con turbinas eólicas helicoidales, que ocupan poco espacio a diferencia de las de aspas, que a su vez recolecten agua del aire con sistemas de condensación, que actualmente están probados y en funcionamiento, combinados con recolectores solares y biodigestores generadores de gas y electricidad sobre baterías de alto rendimiento, estas casas saldrían del sistema arquitectónico cuadrado, tendrían otras formas adecuadas a estos sistemas y más allá de ser ergonómicamente diseñadas por la tecnología de domótica (técnicas orientadas a automatizar una vivienda), provocarían un impacto ambiental positivo, a la vez que la sociedad obtendría un auto sustento, el cual hoy debe someterlo al sistema salario dependiente.
Aquí este tipo de generadores alternativos tiene otro nivel de distribución de energía diferente a si lo pensamos en viviendas vacías dependientes de energía centralizada, con lo cual el argumento de que una planta de energía da trabajo a 20.000 trabajadores no tiene sustento, o mejor dicho es un concepto que estaba en un punto ciego, porque los trabajadores que necesitaban de un salario para pagar gas, electricidad, y agua, ya la tienen en su vivienda en forma nativa.
Otra economía doméstica y social
Las casas energéticas a diferencia de las urbanas actuales, tienden a aprovechar al máximo la energía. Todos los elementos de uso actual trabajan con una alimentación que ronda los 12 voltios de corriente continua, usando conversores para reducir la alimentación domiciliaria, que puede ser de 110 o 220 voltios de corriente alterna, por una cuestión de facilidad de transporte y conversión, a la que fuimos sometidos para un beneficio relativo. En su gran mayoría, las fuentes de alimentación de nuestros objetos electrónicos actuales desperdician en la conversión grandes potenciales de energía, que pagamos sin poner en discusión por desconocimiento u omisión. Y en este aspecto la industria viene retrasando motores, baterías, e insumos, que trabajan con bajo voltaje y muy alto rendimiento, innovaciones tecnológicas vigentes desde hace más de diez años, la estimulación a su surgimiento la hace el mercado, y aquí volvemos a nuestro necio amigo invisible que gobierna nuestras vidas, el sistema financiero actual.
La sociedad se mueve torpemente entre elementos que cada vez consumen menos energía y sistemas proveedores de energía dependientes de consumidores, nosotros mismos nos encargamos de sustentar tabúes, porque luchamos internamente entre una libertad responsable a una dependencia cómoda, antropológicamente es más cómodo ser dirigido, ya que el líder se encarga de tomar las decisiones que nosotros no queremos ser responsables de tomar.
Hay argumentos inverosímiles, que los autos eléctricos gastan más que los de combustible, que las casas ecológicas son incomodas y caras, y muchos absurdos más, solamente para justificar el miedo a un cambio, porque el solo hecho de pensar en no estar en relación de dependencia, provoca un desanimo aterrador.
Hoy existen todos los elementos para construir casas autosustentables que independicen a sus habitantes, el problema es que el impacto social es tremendo e inviable por la educación y sostenimiento de las actuales comunidades, acostumbradas a la agilidad adictiva del valor de intercambio llamado dinero. El proceso para cambiar a un nuevo sistema, si se tomara la decisión hoy mismo, llevaría más de veinte años, por lo que habrá que esperar que el peso de lo inevitable tuerza esta obsesión por degradar la sostenibilidad social.

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