Es una de las voces más autorizadas de la provincia para abordar la cuestión del ingreso universitario. Hace más de una década que está vinculada a la cuestión en la UNSa, e incluso formó parte de proyectos de articulación entre la educación media y el nivel superior. Coordinó el ciclo de ingreso universitario de toda la UNSa y muchas veces fue la responsable en la Facultad de Humanidades.
Con toda su experiencia trabajando con el ingreso universitario, ¿qué podría decir que se hace bien, qué cosas se han ido cambiando en los últimos años y qué falta por mejorar?
Es que hay que dar cuenta de que en el ingreso a la universidad se ponen de manifiesto no solo las trayectorias por el sistema educativo, sino también las trayectorias sociales y familiares.
No es lo mismo un estudiante que proviene de una familia donde la universidad como espacio social es un ambiente conocido a un estudiante que es el primero en su familia que llega a la universidad. En esos casos la universidad se presenta como un lugar extraño, totalmente desconocido, entonces el estudiante hace un esfuerzo por reconocer las reglas de juego e ir apropiándose de esos códigos para tener sentido de pertenencia.
Vemos que las dimensiones que están presentes en el ingreso universitario están todas unidas: la historia educativa, la historia social y la historia familiar. Hay que reconocer que el ingreso se constituye en un proceso que no tiene un ritmo igual para todos los estudiantes. En ese sentido se entra en tensión entre los tiempos institucionales con los tiempos individuales, lo cual trae aparejado cuestiones vinculadas al abandono y la deserción.

Esa tensión entre los tiempos institucionales y los de cada ingresante, ¿cómo se contrarrestan?
No hay una propuesta homogénea a nivel universidad, más allá de que pueda haber proyectos e intenciones a nivel de políticas de la universidad o las facultades. Sucede que tiene que ver con el posicionamiento de cada equipo de cátedra. Nos encontramos con docentes que tienen mayor sensibilidad con la problemática del ingreso.
Te puedo decir que en toda la UNSa hay servicios de orientación y tutoría, o de apoyo permanente al ingresante, que desarrollan un esfuerzo paralelo para trabajar en esto de los tiempos individuales e institucionales. En síntesis, hay una gran heterogeneidad en lo que refiere al abordaje de esta tensión.

¿Qué causas intervienen en la deserción universitaria?
No hay una única razón, pero para puntualizar se podría decir que sucede que los jóvenes cuando eligen una carrera universitaria no están demasiado seguros de esa elección, incluso hay algunos estudiantes que luego de cursar uno o dos años una carrera terminan optando por cambiarse.
También está la cuestión del variante grado de apoyo que da la familia, que en algunos casos puede ser inexistente. Después está la cuestión del desarraigo para aquellos que tienen que irse de su lugar de origen, sentirse solos los lleva a abandonar sus estudios.

Yendo a lo puntualmente académico, ¿qué es lo que falla?
En primer lugar falta reconocer que no se trata de culpabilizar ni al nivel medio ni a la universidad, porque en ambos casos es necesario poder articular prácticas de enseñanza. La universidad tiene que acercarse al secundario, ver qué es lo que sucede actualmente ahí, y que la secundaria también haga lo propio.
Tenemos un modelo pedagógico tradicional muy fuerte en la universidad, donde pareciera que todo puede transmitirse a través de la mera explicación, que una clase explicativa basta para que los estudiantes puedan apropiarse de los saberes que se intentan transmitir, y muchas veces estas nuevas subjetividades de los jóvenes requieren otros formatos en la relación con el conocimiento.

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