Una de las últimas veces que Guillermo Alderete vio a su hija Rosana, ella le confesó que su marido la golpeaba. Fue días antes de la madrugada en que el teléfono sonó por la peor noticia que hubo en la casa de su familia, en el barrio Miguel Ortiz.
"Los mató a todos y se mató él", escuchó Guillermo del otro lado de la línea en las primeras horas del 28 de agosto de 2004. De esa manera, y por una amiga del barrio, Guillermo Alderete se enteró del crimen.
Poco después confirmaría que Alberto Yapura, su yerno, había asesinado a su hija y a dos de sus nietos, para luego herir a la tercera e intentar suicidarse.
"Me subí en la camioneta con mi mujer y uno de mis hijos. Cuando llegamos, estaba lleno de policías y no nos dejaron pasar. Ya estaban muertos", relató a El Tribuno Guillermo Alderete.
La conversación que tuvo con Rosana poco antes de que Alberto Yapura la acuchillara es el recuerdo que lo acompaña desde hace 12 años.
"Estábamos en la clínica Gemes porque otra de mis hijas estaba internada. Nos sentamos los dos en una escalera y yo le pregunté cómo andaba. Me dijo que mal. Recién en ese momento me enteré de que él le pegaba. Me dijo que cuando su hermana se recuperara y saliera del sanatorio me iba a contar bien y que todo se iba a arreglar. Fue unos días antes", aseguró Guillermo.
Nueve días después del crimen de Rosana y los chicos, Guillermo perdió a otra de sus hijas, Emilia, por una enfermedad pulmonar. De los seis hijos que tenía, le quedaron cuatro.
El hombre hoy tiene 76 años y describe a Rosana como una persona alegre. Encima de un hogar, en su comedor, está la foto de su hija con sus dos nietos fallecidos y un cartel que reza: "El Señor secará las lágrimas de todos los rostros".
"Venía todos los sábados con los chicos y se quedaba con nosotros. Llegaba contenta. Parece que esperaba toda la semana para visitarnos", señaló Guillermo, que vive con su esposa y con Vanina, la única de los tres hijos de Rosana que sobrevivió.

"No lo pude superar"

Guillermo se jubiló en 2015, después de trabajar 23 años en mantenimiento eléctrico en la Catedral Basílica. Pero dice que siempre está "arreglando cosas" y se ocupa de su casa.
Cuenta que pasó todos estos años pidiendo a Dios que le diera la capacidad de perdonar y que no odia a Alberto Yapura pero que "sería tremendo volver a verlo".
"Creo que hasta ahora no lo pude superar. Me acuerdo de todo paso a paso y no lo puedo olvidar. Es muy grande la tristeza. Ella está presente cada día, especialmente en las noches. Mi esposa nunca pudo hablar del tema porque se ahoga en llanto", compartió.
Guillermo encabezó numerosas marchas que se hicieron para pedir justicia por el caso y siguió el juicio que terminó con una condena a prisión perpetua para Alberto Yapura.

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