"Y todo sigue igual", dice una vieja canción. Así siguen los vecinos de La Gaceta al 2100 en barrio El Tribuno, donde las cuadrillas de trabajo de Aguas del Norte llegaron solo para seguir destruyendo la calle.
Hace más de 45 días que los vecinos de la zona denunciaron una pérdida de agua, que además se acumula en la esquina de Los Principios. "No se puede cruzar la esquina porque el agua ya está podrida y si pasás por ahí te caes", le dijo Ana, a El Tribuno. Ella vive sobre la cuadra y debe hacer equilibrio para llegar hasta la parada del colectivo todas las mañanas, a las 7.30, cuando lleva sus hijas a la escuela.
Hace una semana, una cuadrilla de trabajo llegó en horas de la siesta a romper la calle. Con un martillo hicieron un pozo de un metro de ancho por dos de largo. Pero luego de cavar un metro más, advirtieron que la pérdida de agua se producía a 30 cm de donde habían cavado. Ante esta situación, dejaron el pozo, con los escombros en la calle y partieron. Al día siguiente, los trabajadores llegaron, hicieron otro pozo a centímetros del anterior, encontraron la pérdida y resolvieron cortar el caño y poner una rosca doble. Dejando todo listo -pozo hecho, pérdida arreglada y escombros esparcidos-, volvieron a irse.
"Unos 30 minutos después de que se fueron, la rosca se soltó y el agua comenzó a salir de nuevo. Ya me cansé de llamar. No sé qué voy a hacer. Tengo el cordón lleno de agua y hongos. Yo ya soy una persona mayor para andar a los saltitos, y no te digo nada la cantidad de bichos que junta eso", detalló Josefina.
Esta mujer que ya supera los 70 años vive en la casa que tiene los pozos al frente. Todas las mañanas debe dirigirse hasta la esquina contraria adonde realmente quiere ir para poder cruzar la calle. El agua le corta el paso, así que debe buscar un lugar seguro para poder bajar de la vereda.
Juanita es otra abuela de la cuadra, y tres veces a la semana emprende su caminata en las primeras horas del día. "Ya contamos entre los vecinos cinco pedidos a Aguas del Norte y otro tanto al Ente Regulador y nada. Todo sigue igual y acá bajar del cordón a la calle es un peligro", destacó esta docente jubilada.
Mientras barre el cordón y esparce desinfectantes sobre el cordón, Ramón se resigna. "Esta es la historia de siempre. En el verano tuvimos una pérdida que venía desde la otra cuadra, durante dos meses. La arreglaron pero como verás dejaron los escombros y no volvieron más. Con la rapidez que trabajan calculo que para el invierno a lo mejor tengamos una solución", dijo el hombre.

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