El fútbol es un arte y, como a Lionel Messi, hay que disfrutarlo con los sentidos y no medirlo con palabras.
La zurda mágica de Lionel Messi es comparable con las mejores obras de arte. Ninguna descripción, por acertada que sea, alcanza más allá de la superficie del virtuosismo artístico. No es lo mismo hablar de la belleza sonora de las mejores obras de Beethoven, Bach y Mozart, que oirlas, no es lo mismo contar la trama de las mejores novelas que leer a García Márquez.
Lo mismo de complicado es calificar la obra de Lionel Messi. Adjetivizar sus proezas dentro de un rectángulo de juego es casi imposible por que las habilidades de Lionel van más allá de las simples palabras.
Pero incluso el mejor jugador de todos los tiempos tiene detractores que enarbolan la bandera que Messi no ganó nada con la Selección argentina.
Pero el crack argentino esquiva las criticas impiadosas como lo hace en la cancha con las patadas que buscan destruir su arte. Messi recibe faltas muy fuertes y no se cae, no se tira ni se queja. No busca el tiro libre, una de sus especialidades, ni el penal. La Pulga sigue concentrado en cuidar a su mejor amiga mientras recupera el equilibrio. Le llueven faltas de todo tipo, pero Messi cuida su tesoro más preciado como ninguno, sus ojos están siempre concentrados en la pelota, como olvidándose de todo lo que lo rodea.
El está como hipnotizado, tiene una sola misión: meter la pelota en el arco rival. Enfoca el balón y no lo pierde de vista ni aunque lo tengan en la mira con un arma.
Lo apodan La Pulga, por su estatura. Es mortífero con la pelota en movimiento y también a balón parado. A pesar de su metro y medio se cansó de hacer goles de cabeza. Con su pincel (su pierna izquierda) hace maravillas partido tras partido.
Su fútbol es de otro planeta, uno nunca visto ni conocido. Hoy en día se disfruta más con la derrota del rival que con una pisada, una gambeta o un caño.
Este joven rosarino es un genio del fútbol. A la hora de hablar no hilvana dos frases seguidas, parece antisocial y alejado de todo lo relacionado con la viveza criolla. Pero con un talento asombroso para mantener en su poder la "gordita" y llevarla hasta las mallas y desatar un loco festejo.
Y es que nunca se vio algo parecido adentro de una cancha de fútbol, en ninguna época, y es muy posible que no ocurra más. Pobres, comprobaron la existencia de Dios en sus na rices y ni se enteraron.

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