El 2015 apenas termina y sin demasiados cambios en una problemática que nos aqueja y nos debería involucrar a todos: la violencia de género y los femicidios.
En Salta el año pasado fallecieron 19 mujeres por ser mujer, mientras que en 2014 fueron 21. Las frías cifras estadísticas muestran que hubo dos casos menos o una baja del 10% de este drama social. Según el lente con que se mire habrá quienes vean estos datos con optimismo o con pesimismo; sin embargo, ninguna de estas miradas puede obviar que la violencia de género ha puesto en jaque a la salud como bien social y como derecho humano.
Es sabido que la violencia contra las mujeres es grave en todo el mundo. Algunos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) permiten bosquejar ese amplio panorama:
* El 35% de las mujeres del mundo han sufrido violencia de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.
* El 30% de las mujeres que han tenido una relación de pareja dicen haber sufrido alguna forma de violencia física o sexual por parte de su pareja.
* Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja.
* Las múltiples formas que adquiere la violencia de género generan problemas de salud física, mental, sexual y reproductiva y otros problemas de salud, además de aumentar la vulnerabilidad al VIH/Sida.
* Entre los factores de riesgo de cometer actos violentos figuran un bajo nivel de instrucción, el hecho de haber sufrido maltrato infantil o haber presenciado escenas de violencia en la familia, el uso nocivo del alcohol, actitudes de aceptación de la violencia y las desigualdades de género.
* Entre los factores de riesgo de ser víctima de la pareja o de violencia sexual figuran un bajo nivel de instrucción, el hecho de haber presenciado escenas de violencia entre los progenitores, la exposición a maltrato durante la infancia, y actitudes de aceptación de la violencia y las desigualdades de género.
* Hay ciertos indicios de la eficacia de los programas escolares de prevención de la violencia de pareja.
* Aparecen como prometedoras otras estrategias de prevención primaria, como la microfinanciación unida a la formación en igualdad de género y las iniciativas comunitarias dirigidas contra la desigualdad de género o tendientes a mejorar la comunicación y las aptitudes para las relaciones interpersonales.
Desde fines de la década de 1970, la OMS ha recomendado no tener miedo de preguntar a una mujer si es víctima de este tipo de agresiones. "Contrariamente a la creencia popular, la mayoría de las mujeres están dispuestas a revelar el maltrato cuando se les pregunta, en forma directa y no valorativa. En realidad, muchas están esperando silenciosamente que alguien les pregunte", indica la OMS.
¿Qué nos pasa como sociedad frente a la temática de la violencia de género? Distintos aspectos pueden condicionar la disponibilidad de los actores sociales para actuar: la subestimación de la problemática, la falta de información, la falta de conocimiento sobre los distintos dispositivos de ayuda (en Salta existen organismos oficiales en el ámbito del Gobierno Provincial, del Poder Judicial e incluso de algunos municipios, además de organizaciones no gubernamentales que trabajan con gran profesionalismo), el temor a involucrarse en situaciones legales, el famoso "no te metás", los sentimientos de indefensión, la impotencia y la desesperanza que la temática suscita.
Un punto importante a tener en cuenta es que la violencia de género se transformó en un significativo factor potencialmente traumático y, por ello, con secuelas que pueden ser severas y complejas de desentrañar.
Lo que alimenta esta particularidad de "potencialmente traumático" es el efecto acumulativo, la sistemática alteración de la percepción y la connotación de absoluta impredecibilidad, ya que es impensable que de quien se espera un vínculo de respeto y simetría se reciban descalificaciones, humillaciones, abusos y maltrato en cualquiera de sus expresiones. Así, por efecto acumulativo la víctima de violencia de género termina en estado de indefensión y atrapamiento y con la percepción de inescapabilidad. Y esto termina involucrando a sus hijos, porque mientras una mujer se encuentra en estado de atrapamiento e indefensión, sus hijos están siendo "niños testigos de violencia", lo que implica que la violencia de género traspasa generaciones, transformándose en un problema intergeneracional también.
Todos como comunidad estamos compelidos a tener una mirada social de la salud y los derechos, involucrándonos desde el rol que cada uno de nosotros desempeñamos. Está claro que solo el esfuerzo de organismos estatales y de organizaciones no gubernamentales para asistir a las víctimas no es suficiente para lograr un cambio cultural y social frente a una problemática que al principio se viste de amor pero con el tiempo se muestra de cuerpo entero como violencia.
Emprender políticas para erradicar la violencia contra las mujeres es también visualizar y modificar la violencia institucional que transversaliza las prácticas de algunos sectores y que más veces de lo deseable enfrentan las mujeres que luego de traspasar miles de barreras personales, emocionales, familiares, económicas y sociales son capaces de hablar de su experiencia pero no encuentran una respuesta adecuada a su situación. De la consideración de la salud como bien social surge como corolario la idea de la prevención de la violencia de género y la promoción de la salud. Al respecto mucho podemos hacer desde la educación (tanto formal como informal) ya que la promoción de la salud implica entre muchos aspectos el replanteo de aquellos estereotipos de género que como sociedad alentamos en los niños, futuros hombres y mujeres.
En los últimos años junto a la problemática de la violencia de género, un nuevo concepto surgió: la violencia obstétrica, pero esto merece una futura y amplia reflexión.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora