La violencia, en sus distintas formas, es el dato dominante de la convivencia argentina. La más generalizada es la violencia verbal, que se manifiesta en la libertad irresponsable que brindan las redes sociales (donde nadie se siente obligado a rendir cuentas de lo que publica) y también en la facilidad con la que dirigentes o activistas de organizaciones cívicas quieren obligar a todos a compartir las inquietudes de pequeños grupos. Tres episodios recientes muestran esa virulencia. Durante la marcha de los familiares de víctimas de la violencia y la impunidad, la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas, envió un mensaje de solidaridad y recibió como agradecimiento un abucheo. Ella también es víctima de una violencia que no produjo, como lo son las víctimas de Cromañón, de Once o de miles de crímenes cotidianos. Nora Cortiñas hizo lo que debieron haber hecho Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto, y nunca hicieron. Casi al mismo tiempo, miles de mujeres se movilizaron en Rosario de Santa Fe para unos días de debate y reclamos por los derechos de género. Un grupo de activistas provocó un escándalo en la Catedral. El miércoles pasado, en la marcha contra los femicidios, ocurrió lo mismo, esta vez en Buenos Aires. El resentimiento que se expresa en esas conductas del ultrafeminisimo ¿es espontáneo o premeditado? ¿Es genuino o es ideológico?. Es claro que nadie que se proponga crear un clima de tolerancia hacia la diversidad de género puede alentar la intolerancia agraviante para quienes son creyentes católicos. La conducta de esa dirigencia sectaria se parece mucho más a la de la Inquisición que a la de miles de propuestas progresistas que intentan cultivar una mejor convivencia. Agraviar a las creencias o las cosmovisiones ajenas es provocar violencia; la ideologización del resentimiento coloca a quienes actúan en nombre de los derechos de género en el mismo plano que quienes se atrincheran en posturas reaccionarias para negar esos nuevos derechos.

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Sección Editorial

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Belén Isasmendi
Belén Isasmendi · Hace 1 mes

Violencia es SEBASTIÁN GUITIÁN Y MARIO DEL BARCO libres por las calles de Salta.


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