Visita a la Biblioteca Nacional

Sergio Santillán

Visita a la Biblioteca Nacional

Tras muchos propósitos frustrados por una u otra razón, el pasado noviembre de 2015 pude por fin realizar una visita a la histórica Biblioteca Nacional.
Creada en 1810 por decreto de la Primera Junta como Biblioteca Pública de Buenos Aires, tuvo su primera sede en el Cabildo. Actualmente lleva el nombre ilustre de quien fue designado su protector: Mariano Moreno. Sin duda, es un valioso patrimonio cultural del pueblo argentino u como tal debe estar al margen de los intereses políticos.
El entusiasmo con que llegué se disipó de inmediato porque sufrí una gran desilusión. En un amplio espacio que hay antes de entrar al edificio había grandes fotografías. Pero no, como se podía esperar, de los genios de las letras argentinas (Sarmiento, Alberdi, Alfonsina Storni, Borges, Cortázar) que nos han dado prestigio en todo el mundo: eran escenas de las luchas populares contra el proceso. No era el lugar adecuado, pero en todo caso, el pueblo argentino ha protagonizado muchos actos de heroísmo a lo largo del tiempo, empezando por la Guerra de la Independencia. Muy en la línea del relato kirchnerista, solo se recordaban aquellas y ninguna otra. Una de las grandes fotografías es realmente un ultraje: mostraba las ruinas de una fábrica de Coca Cola destruida por Montoneros. Gran hazaña.
Dentro del edificio, el sectarismo y el abuso en la utilización de bienes que pertenecen a todos los argentinos eran la nota más destacada. Por todas partes había pegados carteles electorales propiciando la candidatura de Scioli y denostando a Macri. Solo se pueden visitar dos plantas y una de ellas estaba dedicada a una exposición audiovisual sobre Perón y Evita, de quienes había, probablemente, más de 100 fotografías. Los dos son personajes cruciales del siglo XX que deben ser recordados, pero no en la Biblioteca Nacional sino en una institución específica. Un museo, por ejemplo, como ya existen los de otros Sarmiento, Mitre, Avellaneda sin los cuales no se puede entender la historia de nuestra patria.
Tampoco corresponde que se la utilice como sede de un grupo político, como ha ocurrido con Carta Abierta, uno de cuyos integrantes impulsó su candidatura a diputado nacional desde esa plataforma.
En fin, en las paredes del edificio apenas se recuerda que Borges fue su director en una pequeña placa. En cambio, de Horacio González (director en ese momento), había dos textos en grandes carteles.
El gobierno de Macri ha designado como director a Alberto Manguel escritor, editor, traductor, crítico y erudito en literatura de extenso currículum y ampliamente conocido internacionalmente. Es razonable pensar que, en esta nueva etapa, la Biblioteca Nacional cumpla la finalidad para la que fue creada en los albores de nuestra patria. Un templo laico para el conocimiento, no para el sectarismo y la propaganda política.
Se anuncia que se reabrirá un antiguo local, en la calle México, utilizado durante décadas.
En este caso, el cambio consiste, paradójicamente, en volver las cosas a un cauce del que no deberían haber salido. Si es así, debemos celebrarlo.

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