El definir un porcentaje de bancas que deben ser ocupadas por mujeres es algo absolutamente machista. ¿Por qué no definir un porcentaje de bancas de hombres?
Quienes redactaron los proyectos y quienes dan la noticia, muestran ser los primeros en menospreciar a las mujeres. Nuestra Constitución no restringe la integración del poder legislativo solo a los hombres.
El espíritu de nuestra ley primera es el de conformar los órganos de gobiernos con los mejores hombres (genérico, hombres y mujeres) posible; cosa que parece bastante alejada de nuestra realidad actual.
Por supuesto que en el siglo XIX no se elegían mujeres, pero eso no tiene que ver con el derecho, sino con el desarrollo cultural.
En nuestro país hemos tenido hasta hace pocos meses una presidente reelecta, tenemos una vicepresidente y cinco gobernadoras, una d ellas conduciendo los destinos de la provincia más grande de Argentina. Creo que las mujeres son absolutamente reconocidas en la política de nuestra patria.
Si verdaderamente queremos alcanzar la igualdad de los hombres y las mujeres, debemos tratarlos con igualdad; no debemos intentar que sean iguales. Decía Hayek "hay una gran diferencia entre tratar a los hombres con igualdad e intentar hacerlos iguales". Mientras lo primero es la condición de una sociedad libre, lo segundo implica, como lo describió Tocqueville "una nueva forma de servidumbre".
Aprendamos a elegir por capacidad y honestidad, dejemos de seguir a quienes nos prometen fantasías, dejemos de pensar en términos de hombre o mujer, judío cristiano, oficialista anti, amigo enemigo.
Empecemos a pensar con la cabeza, no con el corazón, no con el estómago y menos aún con los genitales. La condición distintiva del ser humano es la razón, hagamos uso de ella.
Busquemos la igualdad de derecho, que es la expresión de la libertad; rechacemos el igualitarismo de hecho que es sinónimo de sometimiento. Para alcanzar el igualitarismo deben encerrarnos dentro de un molde, eso es ser esclavo de un sistema social.
El igualitarismo toma la sociedad libre, la degenera y la convierte en una sociedad de mediocres, donde sobresalir o ser distinto es un pecado.
Que las licuadoras sean iguales! Soy un ser humano por sobre mi raza, sexo o religión. Valgo por mis méritos y por mi ética, y defiendo orgulloso el derecho de todos de ser únicos. ­Viva la diferencia!

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