Cuando Silvia Costilla (44), empleada de archivo de una importante editorial, tenía 10 años le detectaron celiaquía. El camino hacia un diagnóstico concluyente la había llevado a atravesar múltiples análisis y estudios genéticos. Sin embargo, la determinación del carácter de su enfermedad le posibilitó iniciar un cambio alimenticio que terminó por aliviar los síntomas. En su caso, dolores de cabeza, vómitos, diarrea, dolor de estómago, entumecimiento en las manos e irritabilidad. Pero no debe de haber resultado sencillo comenzar con restricciones durante la infancia, cuando las posibilidades de asistir a cumpleaños son tan pródigas. "Fue muy difícil. No quería ir a los eventos porque no podía comer nada. Lloraba mucho, pero me acostumbré. Iba y tomaba gaseosa y comía papas fritas", comentó a El Tribuno.

Bernardita Ponce Mora (27), periodista de profesión, estaba en una época especial de su adolescencia, los 15 años, cuando pudo individualizar al causante del déficit de calcio en sus huesos. Había tenido una caída en su casa y le hicieron una placa para ver el estado de uno de sus brazos. Aunque no había fractura, sí se evidenciaba que el hueso estaba descalcificado. Como en su familia había antecedentes de celiaquía le recomendaron que se sometiera al estudio específico, que dio positivo. "Cuando empecé a hacer la dieta me di cuenta de que antes había estado hinchada. De hecho me acordé de que algunas veces después de comer ciertas cosas se me hinchaba la panza", comentó. A ella la adaptación a la dieta no le resultó ardua, más bien en su casa engrosó un bando compuesto por su papá y una de sus hermanas.

En la Argentina es tradición que los eventos sociales giren en torno de la comida. Aun así la conciencia de que 1 de cada 100 personas es celíaca no alcanza para generar inclusión o prevención en las reuniones y encuentros. Bernardita comentó al respecto que las dificultades sobrevienen particularmente en las salidas con amigos, tanto en un domicilio particular como en un local gastronómico. "Quizá, cuando era más chica, no me hacía tanto problema. Por ejemplo, si nos quedábamos a la tarde en la escuela, mientras los demás comían un lomito, me compraba papas fritas. Me acuerdo de que una vez en la casa de un amigo, todos pidieron pizza para comer y su papá me hizo a mí una ensalada de cebolla. Ahora, que soy más grande y quizá más exigente, me gusta comer bien. Si nos juntamos a comer afuera trato de que sea en un lugar en el que haya opciones sin gluten. Si es en una casa, pensamos en un menú inclusivo. Si sé que no voy a poder comer, me llevo algo de casa. No la paso bien cuando los demás comen y yo no", reflexionó.

Silvia contó que la celiaquía no le trajo restricciones sociales. "Sigo tomando gaseosa, comiendo papas fritas, pollo desmenuzado, pernil sin el pan ni los aderezos. Cuando viajo, me llevo un equipaje extra con el pan que yo puedo comer, por si no lo consigo en el lugar adonde voy. Ahora lo puedo adquirir en una cadena de supermercados que hay en todo el país, pero antes lo tenía que comprar en las dietéticas, donde los productos y las harinas son muy caros", comentó.

Mañana en la plaza 9 de Julio los celíacos salteños se reunirán para generar conciencia entre la población acerca de la ocurrencia de esta enfermedad y también para solicitar más variedad de productos sin gluten y a mejor precio, que estén disponibles en todos los comercios y también en los negocios abiertos las 24 horas.

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"La última vez que viajé tuve que tomar el té con mi pan especial durante todo el viaje, ya que la cena y el almuerzo que te dan en los colectivos se compone de sándwiches, alfajores, galletas y comidas con harinas. No sé si esta enfermedad está contemplada en las líneas aéreas, pero en el transporte terrestre de larga distancia no", señaló. Para Bernardita el conocimiento y la reflexión deberían partir de los entornos íntimos y cotidianos y alcanzar los de uso público y comercial.

"Me gustaría que hubiera más inclusión en los eventos como cumpleaños, en los que en general no podemos comer los dulces y los menúes típicos son empanadas, pizzas o sándwiches. También que las cafeterías tengan galletitas aptas para celíacos para acompañar el café", dijo. Y es este tipo de pormenor el que más que encubrir un rasgo de cortesía manifiesta la auténtica inclusión.

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