Alejandra Escudero es salteña y vive frente al Mármara, un mar interior situado entre los estrechos del Bósfroro y los Dardanelos y que une las aguas de los mares Egeo y Negro. También separa los lados asiático y europeo de Estambul (Turquía). Desde el balcón de su casa, ubicada en el barrio Moda, ve las mezquitas Azul y Santa Sofía, la torre Gálata y el palacio Topkapi.
Hace cinco años y medio que Alejandra posa su mirada en este panorama privilegiado. Nunca se hubiera imaginado residir en el país considerado la puerta que comunica a Oriente con Occidente, pero bien es sabido que quien se enamora merece todas las sorpresas que el destino quiera reservarle.
Alejandra trabajaba en Palermo (Buenos Aires) como profesora de español para extranjeros. El director del instituto de aprendizaje de lenguas extranjeras donde estaba empleada le comentó que iba a integrarse a su clase un turco de 37 años que había viajado a Argentina con objetivos diversos: estudiar tango, piano y español. Fue así, entibiando la asimétrica relación entre estudiante y profesor como conoció a su marido, Erdem Tu‡.
"En ese momento yo quería aprender a bailar tango y él conocía muchas milongas y profesores, incluso más que yo, que era la argentina. Milonga va milonga viene, terminé aquí", cuenta, divertida, casada y con un hijo de 2 años al que llamó Salvador.
Las oportunidades laborales no siempre se presentan servidas para los que deciden migrar de sus países de origen, por ello Alejandra apenas pisó suelo turco empezó a promocionar sus clases de español para extranjeros a través de Facebook. También trabajó en la Asociación de Amistad Cuba- Turquía. Transcurrido un año se incorporó al Instituto Cervantes de Estambul donde dio clases tres años. "Empecé a tener muchos alumnos profesores de tango que querían estudiar con una profesora de Buenos Aires, buscaban un acento bien porteño y casi todos los profesores de tango de Estambul creo que fueron alumnos míos en algún momento", relata.
A Alejandra, como a todas las personas cuyas lenguas nativas no pertenecen a la rama altaica, le costó mucho aprender el turco. Es una lengua aglutinante que se basa en un sistema de sufijos e infijos añadidos a la raíz de las palabras, lo que permite expresar gran cantidad de significados en pocas palabras.
"De los 12 niveles de turco, voy por el octavo y sigo luchando con el idioma, pero nunca me daré por vencida. Los dos primeros años fueron durísimos. Este ano me he soltado por completo a hablar, por supuesto con muchos errores, pero todo lo que quiero decir lo puedo decir", señala Alejandra, quien ya se fogueó en un curso sobre comida casera turca, donde era la única extranjera y solo se hablaba turco.
Emprendimiento

Hace un año el marido y el cuñado de Alejandra abrieron un bar temático de comida latinoamericana, llamado La Paz de Kadik"y. En el segundo piso de este negocio ella dicta clases de español en forma particular. "De lunes a sábados tengo grupos de turcos que vienen a estudiar español en un ambiente relajado, sin la presión de una escuela de idiomas o la universidad. Los alumnos pueden beber una cerveza si lo desean, mientras estamos en clases o también comer una empanadita argentina", relata. Además los lunes realiza un evento denominado "Solo hablamos español". La promoción consiste en que a los primeros diez nativos que lleguen antes de las 19.30 les regalan una bebida. "Lo hago para motivar a los nativos de habla hispana a que vengan al evento y, de esa forma, vienen más turcos y los turcos pueden practicar español con ellos. Este club de conversación gratuito es para que mis alumnos y otros estudiantes tengan un espacio para practicar español. El evento ya es muy conocido y todos los lunes vienen 20 personas como mínimo", cuenta.
Añade que nunca imaginó que le surgieran tantas oportunidades laborales en Turquía y aunque confía en sus capacidades, también lo atribuye al factor suerte. "Desde que llegué, estudiar español está de moda y hay muchos turcos que son amantes de la cultura de Latinoamérica ya sea por el tango o por la salsa", dice.

La cultura
Acerca de los avances en los derechos de la mujer, Alejandra opina que su realidad dista de la de muchas mujeres turcas. "Yo me muevo en un ambiente de turcos de mente muy abierta. Diría que tienen más una mentalidad europea mi marido y su familia. Pero en general las mujeres no respiran en libertad como en Argentina o en Latinoamérica. La mayoría debe vivir con sus padres hasta que se casa y ni pensar en convivir con un novio. Por eso muchas se casan muy jovencitas para salir de sus casas. Además, la mayoría de los hombres prefiere que la mujer se quede en la casa cocinando y criando a los hijos, aunque haya estudiado una carrera universitaria y sea profesional", señala.
Añade que aún siente una resistencia cultural agitarse en su mente al ver ciertas imágenes, como los atuendos de las mujeres más conservadoras, cubiertas de pies a cabeza con velos y túnicas (niqab).
"Lo más impresionante es verlas en las playas con sus trajes para bañarse en el mar, todas tapadas, y sus maridos a su lado con un short de baño solamente. Una injusticia que me sigue poniendo mal y me angustia. De todos modos, hay un respeto tan grande a los adultos y a los mayores que hasta en las mínimas cosas las mujeres no se revelan, con lo cual solo una revolución puede cambiar este país y su mentalidad", observa.
Sin embargo, es precisamente la mezcla de estas tradiciones cuestionables desde esta parte del globo- que conviven con renovaciones culturales las que hacen de Estambul una ciudad tan ecléctica, que por más de 80 años fue modelo de laicismo.
"En la calle podés ver a una chica tapada caminando con una amiga que lleva puesta una minifalda, eso es lo interesante de Estambul. Si bien más de la mitad de la población son musulmanes conservadores, hay gente superabierta y muy parecida a los argentinos", señala.
Una noche de terror
El 15 de julio pasado hubo un intento de golpe de Estado en Turquía. Violentos combates entre rebeldes, policías y militares dejaron un saldo de más de 250 personas fallecidas. Vivirlo puertas adentro fue muy diferente.
"Esa noche estábamos cenando en el balcón y vimos varios helicópteros que volaban bajo, sin luces. Luego vimos las noticias por internet y nos enteramos de que los puentes de Estambul estaban tomados por militares y ahí anunciaron un golpe de Estado. No pudimos dormir hasta las 5 de la mañana. Nos despertábamos con el ruido de los aviones militares, después empezaron a sonar más de lo normal las mezquitas llamando a la gente para rezar. En un momento me levanté por un estruendo y pensé que había sido una bomba. Entonces, con mi marido, agarramos a nuestro hijo que dormía en su cuarto y lo llevamos a nuestra cama. Mi marido cerró la persiana del living porque el ruido de los aviones era muy fuerte y teníamos miedo de que se rompieran los cristales", relató Alejandra.
Su hermana Victoria había ido a visitarlos y permaneció un mes en Turquía. Partió del aeropuerto de Atatürk el 28 de junio, el día que el grupo IS hizo explotar cargas explosivas en diversos puntos de esta terminal, una de las más transitadas del mundo. "Vicky se salvó por una cuestión de horas. Un horror. Imaginate mi familia en Salta, pobres, no descansan hace como un año", dice Alejandra. Esa jornada aciaga terminó con 41 muertos y 239 heridos. Entre los fallecidos había 13 extranjeros.
El niño
Alejandra reconoce que criar a su hijo Santiago en este ambiente no es lo que hubiera anhelado. "Con mi marido tenemos el proyecto de volver a Argentina cuando Salvador empiece el colegio, es decir, dentro de cuatro años. Ojalá lo logremos. Me encantan los colegios de Argentina y mi sueño es que mis hijos, porque ojalá podamos darle un hermanito pronto a Salvador, vayan al mismo colegio que sus primos", sueña.
Continúa: "Extraño el asado los domingos con mis hermanas y mi mamá, mis viajes a Salta a visitar a mi papá y mis hermanos Joaquín y Violeta, a mis amigas de toda la vida", pero angostan las distancias el Skype y el WhatsApp.
"La verdad no es un país que hubiese elegido para vivir. Antes de conocerlo a Erdem, mi marido, no sabía casi nada de Turquía. Vine circunstancialmente por amor y me fui enamorando de Turquía de a poquito. He vivido en España durante dos años, en Estados Unidos unos 6 meses y he tenido la oportunidad de viajar mucho, pero no hay como el país donde están tus seres queridos", finaliza su relato, emocionada.

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Patricia Navarro
Patricia Navarro · Hace 4 meses

Que linda y emotiva nota. La verdad me encantan estas notas ,de personas comunes, que pueden contar su historia de vida, expresar sus emociones, trasmitir otra cultura etc. Elijo este tipos de notas para leer, antes de chusmerios de famosos o noticias de politicos corruptos que dejaron a nuetra Pais en la ruina.Te felicito nena por tu excelente labor y segui con estas notas ,que me alegran el dia. Besos

Fernando Fuentes
Fernando Fuentes · Hace 4 meses

Ahh! Volvimos al periodismo de investigación!! LA profundidad ante todo!! Aguanten las notas pedorras!!


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