Por esas subversiones que se puede permitir la tan ponderada Europa, la salteña Cynthia Carolina Torrejón (44) proyecta desde Maulde, el pequeño poblado francés de solo mil habitantes en el que vive, una guardería para ancianos.
Hace 25 años que reside en el norte de Francia. Hasta allí llegó en 1990, siguiendo el venturoso pálpito de su corazón. "Cuando me fui casi había terminado el magisterio, pero lo dejé, porque estaba enamoradísima de mi marido. Me fui sin pensar en el futuro... Cuando uno es joven no piensa, se va y vive el momento", le cuenta con tono calmo y reflexivo a El Tribuno hoy, en que ese futuro que menciona se le convirtió increíblemente en un ayer. Tenía 19 años cuando partió y un esposo kinesiólogo con un trabajo de gran calidad que les permitía vivir cómodamente. Por ello, durante un tiempo Cynthia se ocupó exclusivamente de la crianza de sus hijos, Esteban (23) y Ariel (21).
En 2005 comenzó a gestarse en su interior la necesidad de la independencia económica y se inscribió en Enfermería. Entonces se topó con la progresiva dificultad de la expresión científica y académica de esa lengua que se suele calificar de dulce y gutural por su sonoridad en los versos de amor. "No fue fácil, pero lo conseguí. Cuando me fui no sabía hablar fluidamente francés, tenía el nivel del secundario, es decir, sabía leer pero era incapaz de mantener un diálogo. Y sí, era casada y con hijos cuando empecé los estudios, y creo que eso me dio otra madurez. No tenía tiempo de probar y jugar, sino que trataba de impulsarme y lograr", relata. Con esta convicción terminó su carrera en tiempo ideal, alentada también por la urgencia de ser independiente para poder regresar a la Argentina una vez al año. "Con los años uno ve que los padres crecen, los hermanos se casan, los sobrinos nacen y estás lejos. Acá tengo una hermana mayor y dos hermanos más jóvenes que yo. Al principio fue difícil, pero ahora con internet es más fácil. Antes las comunicaciones eran por carta y teléfono. Yo llamaba los domingos porque era más barato. Mis padres están acá, con buena salud por suerte. Nuestro mayor temor es que algo le ocurra a alguien de la familia y no llegar a tiempo", confiesa.
El norte
Maulde queda en Lille, región del Nord-Pas de Calais, y es, para muchos, la ciudad francesa más flamenca del país. Y esto es más que una mera percepción porque Lille perteneció durante siglos al condado de Flandes y la herencia flamenca se exterioriza en muchos aspectos de la población, desde las fachadas de sus edificios hasta en su gastronomía.
Sin embargo, no existen sitios en español adonde nos lleve el buscador Google si le ordenamos hallar pistas sobre Maulde. Por ello, el relato de Cynthia cobra tanto valor para los salteños. "Allá se lleva una vida tranquila, sin estrés, sin problemas de transporte. El único embotellamiento lo provocan las vacas", comenta. La principal actividad está relacionada con la producción de leche. Cynthia menciona que actualmente la grave crisis económica europea también se cierne sobre la agricultura, así que muchos pobladores están migrando en búsqueda de oportunidades. Este movimiento de auge y declive ya lo había notado la salteña cuando, al llegar, vio minas de carbón cerradas en esa región. "Donde vivo era una zona industrial y ahora están quedando ruinas. Deben de haber sido los 80, cuando eso fue cerrando. Había muchas fábricas textiles, porcelana y carbón. Aquí se dice que el carbón en el norte de Francia le dio vida al país", cuenta.

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Los hijos
Consultada acerca de que formas asume criar a los hijos lejos del pago, Cynthia no duda. "No es fácil porque crecen sin abuelos y sin tíos, pero con dos culturas y están orgullosos de las dos. Ellos en Francia reivindican que son argentinos y salteños. Mi hija Ariel dice que es la salteña franchute, no la franco-argentina. Ellos conocen Salta porque cuando eran pequeños veníamos seguido, pero ahora que son grandes es más difícil", expresa. En Francia Esteban está cursando Ingeniería en Medio Ambiente y Ariel Psicología. Hace unos años Cynthia se adhirió a un grupo en Facebook donde se comunican y brindan apoyo madres de todo el mundo que crían a sus hijos lejos de sus lugares de proveniencia. "Somos cerca de mil y me gusta decir que es un grupo de "entreayuda''. Podés encontrar consejos, recetas de cocina, todo tipo de cosas. Tenemos una cadena de oración todas las noches, seamos católicas o no, para pedir por la unión de nuestras familias, por las madres que van a dar a luz y los parientes que quedan en la Argentina", detalla. Fue precisamente en este grupo donde Cynthia se conoció con Marcela León, una salteña que vive en Israel y a la que El Tribuno entrevistó también para esta sección.
El asunto difícil
Si bien este diálogo se mantuvo antes de los atentados en París acaecidos durante la noche del 13 de noviembre de 2015, perpetrados en su mayoría por atacantes suicidas y que arrojaron un saldo de 137 muertos y 415 heridos, Cynthia no esquivó el espinoso asunto de la inmigración musulmana en Francia. "En este momento hay un gran problema con los prejuicios de la gente. Los refugiados crean una tensión. Yo viví aquí 25 años y en este tiempo vi cambiar la sociedad. Entiendo que tienen miedo de perder la identidad. Yo lo veo como la pérdida de identidad, como la evolución de un pueblo", opina. Agrega que hay muchas comunidades y que tiene amigos musulmanes moderados. Sin embargo, "se ve a muchas mujeres cubiertas, a niñas que no pueden salir ni a la pileta. Por ejemplo, mi amiga mulsulmana sufre por cómo la miran, cómo la tratan".
La guardería
Si por guardería entendíamos un lugar donde se atiende y cuida a niños de corta edad, debemos ampliar la mirada y recordar que en muchos países europeos los índices de natalidad se estrechan y las plazas ya no están tan nutridas de infantes como en Sudamérica. Cynthia tiene una oficina en su casa en la que recibe órdenes de atención desde el Estado para efectuar tareas diversas relacionadas con la enfermería y la puericultura. "Tenemos muchos viejitos en Francia que viven solos. Yo paso por la mañana, les doy los medicamentos, les suministro inyecciones y hago por ellos pequeñas gestiones como pedir una ambulancia o llamar a una asistente social", describe. Como conoce de cerca este sector, sueña con abrir una guardería para ancianos, así los familiares pueden organizar sus vacaciones y dejarlos en un lugar donde estén garantizadas su salud y recreación. También quisiera volver a la Argentina, pero es consciente de que no podrá trabajar en su profesión. "Acá los hospitales están mal, llenos de gente, sin insumos", resume.

Su mirada sobre Salta
"A Salta la veo avanzar porque tengo la suerte de venir una vez al año. Hay muchas autopistas, calles y barrios nuevos. Pero yo soy la feminista de la familia, la que reivindica a la mujer. Nunca me hubiera enamorado de un macho salteño. No me hubiera acostumbrado a la mentalidad. Vi que ahora allá se admiran por las choferes y en Francia la mayoría de las conductoras de colectivos y taxis son mujeres, porque está demostrado que son más prudentes y tienen menos accidentes".

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