Cientos de turistas y salteños cruzan todos los días la plaza 9 de Julio. "El alma de Salta", como entonan Los Chalchaleros, enamora a quien la camina. En el centro se levanta el monumento al brigadier general álvarez de Arenales y allí es donde desde hace años algunos visitantes alimentan a cientos de palomas.
En agosto de 2006, la Municipalidad de Salta resolvió atraparlas y trasladarlas a una gran jaula que se construyó en la zona de La Pedrera. Tiempo después, los animales fueron puestos nuevamente en libertad, y como era de esperarse volvieron a donde saben que no les falta alimento ni agua.
El pasado 10 de diciembre, el flamante secretario de Turismo de la Municipalidad, Pablo López, anunció que su primera medida sería "sacar a las palomas de la plaza". La medida no demoró más de 4 semanas. El pasado martes se confirmó que ya se había instalado un sistema sonoro -solo percibido por las aves- en la plaza 9 de Julio.
Para conocer qué opinan los vecinos colindantes de la plaza, El Tribuno consultó sus posturas. Las respuestas fueron de un extremo a otro. Algunos acusan a las aves de ser "ratas con alas", para otros "son parte del paisaje tradicional de la plaza".
"No nos dimos cuenta del sistema, pero la verdad las palomas no nos molestaban para nada", comentó Lucía, encargada de un comercio de venta de ropa. La mujer trabaja desde hace 9 años en la misma zona y afirmó que a la gente le molesta todo. "No sé si será el atractivo principal de la plaza, pero que a la gente le gusta y los trae a los chicos para que les den de comer es una realidad", concluyó. María también trabaja en el mismo comercio, pero aseguró que se debe concientizar a la gente. "Las palomas son como las ratas, y la gente no lo sabe. Traen a sus chicos a tocarlas. Generar conciencia será muy difícil", afirmó.
Daniel, mozo de una tradicional casa de venta de empanadas de una de las esquinas de la plaza, afirmó que sacar a las palomas es una medida positiva. "Ensucian las mesas, las sillas, roban comida, rompen los vasos y se meten al negocio. Son una plaga y sus desechos están llenos de parásitos", aseguró este hombre que hace 40 años trabaja en el mismo local.
Estefanía se sumó a la postura de Daniel. Ella atiende un local de artesanías y hace dos años que trabaja en la zona. "La verdad me parece una muy buena medida. Estas aves entran y donde se posan ensucian", aseguró. Rafael trabaja en un local de venta de sandwiches y ante la consulta de El Tribuno dijo que espera que la medida sea un éxito. "Ya no le tienen miedo a la gente y se meten al negocio", afirmó, al tiempo que reflexionó que hay que concientizar a los vecinos para que no les den de comer, porque sino la medida no tendrá éxito.

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Sección Editorial

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