¿Voto útil o voto por convicción?

Aleardo Laria

¿Voto útil o voto por convicción?

El voto estratégico o voto útil es una modalidad en la que predomina el cálculo utilitario del elector sobre sus preferencias ideológicas. El votante elige una determinada opción para fortalecerla, concentrando en ella el voto, con el propósito de excluir al rival no deseado.
En general el voto estratégico surge cuando ya se ha conformado el mapa electoral y los ciudadanos tienen información proveniente de las encuestas de opinión que le permiten conocer cuál es la dirección que toman las preferencias de los electores. Este tipo de voto se activa sobre todo cuando se asiste a elecciones muy disputadas, de trascendencia histórica, y donde existe relativa incertidumbre sobre los resultados. Se ignora a priori quien puede ganar por lo que cada voto tiene un valor decisivo. En cierto modo, se puede entender que el llamado al voto útil es consecuencia de un fracaso previo que ha impedido conformar una alianza electoral lo suficientemente amplia para alcanzar un bipartidismo absoluto.
Podría afirmarse que en las nuevas democracias de audiencia, se verifica la presencia de un caudal cada vez mayor de voto estratégico debido al "fin de las ideologías" y/o a la fragmentación y debilidad de los partidos políticos.
La existencia de una franja de electorado independiente, no partidista, dispuesta al uso del voto estratégico, es una suerte de contrapoder contra la preponderancia del voto ideológico, tan proclive a disculpar los errores de "los nuestros", como lo demuestra palmariamente el caso del kirchnerismo.
En las próximas elecciones en la Argentina, existe una clara invocación al voto útil con dos llamados que son paradójicamente contradictorios.
Por un lado, se le pide a los electores del frente Progresistas de Margarita Stolbizer que si quieren garantizar la alternancia corten la boleta para el segmento presidencial, colocando al candidato del frente Cambiemos. Por el otro lado, los partidarios del frente UNA aseguran que el voto se debe dirigir a Sergio Massa dado que -según algunas encuestas- es el único que puede vencer a Scioli en un balotaje. Será en la última semana, con toda la información disponible, cuando una gran parte de los electores resuelva estratégicamente cómo utilizar su voto.
Algunos recordarán que como seña laba Karl Popper, el problema que la democracia se propone resolver no es tanto el de si deben gobernar los mejores sino el de cómo reemplazar a los gobiernos autoritarios sin derramamiento de sangre.
Es de suponer, entonces, que habrá un importante segmento de electorado popperiano que votará estratégi camente, ungiendo aquel candidato que le garantice una salida verdadera y pacífica del autoritarismo gobernante.

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