Muchas veces, al acudir al médico por alguna dolencia física, suelen recomendarnos hacer "natación". Pero este vocablo, en la práctica, implica mucho más que saber nadar o aprender a hacerlo.
En esta línea, lo más acertado sería referirse a gimnasia acuática, que engloba las distintas actividades que pueden realizarse en el agua, que son muy numerosas y adaptables según sea la necesidad.
El alto nivel de estrés, propio de las sociedades contemporáneas, impacta de manera negativa en la calidad de vida de las personas.
Para contrarrestar ese efecto, surge el watsu, una disciplina acuática que combina ejercicios físicos y meditación.
"Watsu" es la unión de las palabras "water" (agua) y "Shiatsu", una técnica milenaria japonesa que fomenta procesos de sanación mediante la relajación y meditación.
"Es la primera forma de trabajo corporal en el agua, creada en los 80 en Estados Unidos por Harold Dull. En el watsu, los músculos se estiran de f orma suave y gradual, de modo que se refuerza su funcionamiento y se aumenta su flexibilidad, mejorando al mismo tiempo la circulación sanguínea y facilitando la eliminación de sustancias tóxicas", señaló a El Tribuno la docente en Educación Física, Inés Rusky, especializada en gimnasia acuática.
Se trata, en definitiva, de una gimnasia pasiva que se realiza en el medio acuático, normalmente una piscina de agua caliente, y con la ayuda de un profesional.
"La persona se deja llevar por el movimiento, guiado por un instructor, y se practican ejercicios de respiración. El movimiento constante, la fluidez y la coordinación de los movimientos hacen que llegar a la relajación sea más sencillo", sostiene Inés.
Uno de los principales beneficios de esta disciplina es que, al tener el cuerpo sumergido en el agua, se aprovecha el estado de ingravidez para liberar los músculos y articulaciones.
"El contacto con el agua genera libertad de movimientos, que hace que esta técnica de masaje sea una de las más relajantes que existe, ya que se masajean los músculos, se movilizan las articulaciones, se estiran los tejidos y se abren los canales energéticos", afirma la docente.
Los beneficios del watsu son múltiples, tanto psicológicos como físicos. Se destacan la disminución de la rigidez del cuerpo y el alivio físico en personas con discapacidades físicas y mentales.
Por su parte, Rusky resalta su importancia para el embarazo, ya que el watsu favorece la conexión entre madre e hijo, transmitiendo relajación. "También aporta mejorías en casos de depresión, ansiedad e insomnio", afirma la docente, quien dicta la disciplina en varias piletas de la ciudad.
A su vez, para personas que hayan sufrido accidentes vasculares o daños en el sistema nervioso central, el watsu permite aliviar la rigidez de los espasmos musculares y mejorar la capacidad de coordinación.
"Hace poco que vengo y me gusta mucho. Me relajo bastante. Me siento más segura de mí y muy cuidada. Cuando estoy en la pile me olvido de todo. La profe me transmite mucha fuerza", cuenta Brisa, una pequeña de 10 años que realiza watsu y que se está reponiendo de una dolencia en la rodilla.
"Es una terapia adecuada para cualquier edad y, si bien permite aliviar algunas dolencias, no es necesario estar enfermos o estresados para disfrutar de una sesión", destaca Rusky, quien se capacitó en Buenos Aires con el fisioterapeuta Marcelo Roque, especializado en trabajo de piscina y profesor certificado por la Worldwide Aquatic Bodywork Association (WABA).

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