Laurencio Pereyra y Justiniano Pérez tienen 12 hijos cada uno y viven en la localidad de Alto la Sierra, jurisdicción de Santa Victoria Este y hace tiempo adquirieron el oficio de carpinteros.
En tiempos del cólera, en los 90, funcionarios de Nación recorrieron gran parte del área afectada por la enfermedad y Pereyra y Pérez aprovecharon para pedir máquinas para fabricar muebles básicos con la madera de la zona.
Les entregaron una cepilladora, un torno y una sierra eléctrica, más un curso rápido de carpintería para hacer muebles de algarrobo.
Como es tradición en la comunidad wichi, armaron un techo torteado de cañas y barro, que funciona como tinglado protector del sol abrasador de esta región.
Para completar el equipamiento consiguieron otras herramientas menores y comenzaron a trabajar en este punto de la triple frontera.
Y les fue bien, ya que con la venta de lo que producen mantienen a sus numerosas familias. "Todos en la comunidad saben que somos carpinteros. Ya llevamos más de 15 años trabajando en esto y no sabemos hacer otra cosa", dijeron a dúo los amigos.
Luego de una década y media, las máquinas prácticamente no tienen descanso y ya tienen varios arreglos, parches y remiendos. Cualquiera pensaría que están por estallar, Lo mismo que el techo que tiene enormes agujeros.
Por eso apelaron a la solidaridad de los salteños, para pedir herramientas nuevas, para continuar con su medio de sustento. Pereyra y Pérez son de los pocos originarios que cuentan con un trabajo genuino, autónomo y autosustentable; no le piden nada a nadie y quieren seguir viviendo de su trabajo.
Ante El Tribuno pidieron un plástico para "curar los techos", pero durante la charla aparecieron más necesidades.
"El que tenga una herramienta viejita que nos la haga llegar; nosotros arreglamos todo. También necesitamos un tupí, aunque sea simple, que a nosotros nos servirá", dijo Laurencio, de 55 años.
Lo cierto es que además de elementos para reparar el techo y más herramientas, les falta de todo: antiparras, protectores auditivos, calzado de seguridad, guantes y hasta un piso en donde no entre el agua cuando llueve.
Si bien, Alto la Sierra está a unos 600 kilómetros de la capital salteña, hay varias formas de hacerles llegar lo que necesitan. No tienen teléfono, pero para comunicarse con ellos se puede llamar al director de la escuela, Ubaldo Ovelar, al 0387-155-311177 y consultar las posibles maneras de ayudarlos y donarles los elementos que necesitan para la carpintería.

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