Según la tradición popular, Diógenes, apodado el "Cínico", hacia el 400 a C., caminaba por Atenas a la luz del día llevando una lámpara encendida y cuando se le preguntaba el por qué, contestaba: "busco a un hombre honesto sobre la faz de la tierra". Hoy, si viviera en Argentina, con un millón de reflectores led parece que seguiría deambulando en angustiosa búsqueda. Diógenes vivía en una tinaja o barril, pero su padre había sido importante ciudadano de Sínope, ciudad natal del filósofo. Como no hay nada nuevo bajo el sol, fue expulsado de la ciudad por culpa de su padre ­acusado de malversar caudales públicos!
En nuestros tiempos, la exreina Elisabet, apodada la Cínica, ante la evidencia de la corrupción de sus recaudadores solo atinó a decir: "El dinero que el Ing. López tenía en su poder, alguien se lo dio. Y no fui yo". Eso es seguro: a esta altura es difícil concebir que CEFK le diera una moneda a alguien. Todos recordamos que en las cadenas nacionales con que nos deleitaba Elisabet, cada tanto recordaba a "Lopecito, Lopecito". Ahora advertimos que era un problema de audio, en realidad, lo miraba y decía: "Los pesitos, los pesitos...". En el Frente para la Victoria ha sido tan fuerte el shock, que cambiaron el slogan: "Vamos a volver, vamos a volver", por: "Vamos a devolver, vamos a devolver" (­ojalá!).
Carlos Zannini, ferviente maoísta antes de llegar a ser candidato a vicepresidente por el Frente para la Victoria, seguramente estará recordando en estos días que también Jiang Qing, la mujer más poderosa de China durante una década y viuda del presidente Mao Tse-tung, terminó condenada a muerte por corrupción política junto con los integrantes de la Pandilla de los Cuatro. Se les dio la oportunidad de "arrepentirse", con lo que solo fueron condenados a cadena perpetua. Como Argentina siempre ha sido más ampulosa, aquí deberíamos hablar de la banda de los cuarenta (Ud. lo pensó; "no fui yo" quien se acordó de Alí Babá y sus 40).

La providencial intervención de Jesús

Creer o reventar. Esta hecatombe, la que probablemente es un punto de inflexión en la historia argentina, no hubiera sido posible sin la aparición de Jesús en escena (en la escena del crimen). Los periodistas han querido ver distintas historias de complot y camas en los extraños sucesos del martes 14, pero la verdad de esta historia es la siguiente. Todo comenzó cuando Macri, para congraciarse con el Papa, dispone la donación de 16.666.000 pesos para una obra de la iglesia. Lejos de alegrarse, Francisco rechaza airadamente la donación. Nuestro lúcido Pontífice advirtió que no podía ser inocente un obsequio que venía con la marca de la bestia "666", una clara referencia a Satanás. A todo esto, Lopecito (místico de la primera hora), comprendió que tenía que hacer algo por la desairada iglesia. Tomó la mitad de la cifra maldita (ocho millones y algo, pero se equivocó de divisa) y corrió raudamente a hacer su propia donación. Los medios periodísticos nos atosigaron con la información de este tema, repitiendo hasta el hartazgo- que se trataba de algo "cinematográfico", pareciéndoles inaudito que el exsecretario de Obras Públicas hubiera cometido semejantes torpezas. Pero, ubiquémonos en el cerebro de Lopecito: le habían quedado nueve palos verdes en la casa (como quien tiene unos pesitos en la lata de galletas o escondida en el jarrón de la abuela). Porque convengamos que desde el 22 de noviembre del año pasado (fecha que consagra nuevas autoridades) tuvo harto tiempo para colocar, camuflar, enterrar, transferir, etc. la plata grande. Habrá pasado muchas noches insomnes pensando que en algún momento la tortuga judicial finalmente llegaría a golpear la puerta de casa y que esas míseras divisas que escondía en la baulera, le iban a costar caro. Pero una noche (la del lunes 13), con unos "toques" del mágico dragón recordó a las monjitas de General Rodríguez. Lo demás es historia conocida: Lopecito convertido en una especie de tortuga Ninja, rumbo a Tribunales.
Tanto olor a podrido hay en nuestra comarca, que en este país se premia a la gente (al agente) solo por el hecho de cumplir con su deber y no ser corrupto. Evidentemente eso se considera una extraordinaria hazaña en nuestra bendita Argentina.

El pacto Mauri-Cristina

Como advirtió la sagaz Hebe de Bonafini, lo de Lopecito estuvo armado. Pero ¿por quién, eh? Por MM y CEFK. Cristina sacrifica su propia tropa para que "nos hagamos los distraídos" con el desbarajuste de las tarifas, los despidos, la inflación y un polémico blanqueo. Nadie habló de eso en esta semana. En una de sus eruditas cartas, Elisabet nos advertía que estamos ante un verdadero "Caballo de Troya". "Pero adentro no vienen ni Aquiles ni Ulises. Por el contrario, este auténtico presente griego trae: el "huevo de la serpiente" para la destrucción del Sistema Previsional Argentino". Mal podría estar Aquiles dentro del equino: mucho tiempo antes había sido despachado al otro mundo con un certero flechazo del bello Paris, en su famoso "talón"; pero esas son licencias del relato que no le quitan sus contundentes verdades. Y agregaba la expresidenta "Por si todo lo anterior fuera poco, la burla de establecer una quita de entre el 30% y el 60% para los jubilados que tienen juicio contra la Anses". Bellas palabras: no pagar durante doce años un peso de los 300. 000 juicios provocados por el propio gobierno no tiene nada de burlesco. Efectivamente, la desobediencia judicial no es una burla: es un delito.

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