¿Y ahora qué?

Susana Merlo

¿Y ahora qué?

Se podría decir que "la producción quiere, pero no sabe bien para donde, y las autoridades no definen el marco aún".
Pareciera que ya no hay razones para seguir demorando información que es imprescindible para los sectores productivos. Lo contrario es como caminar en la oscuridad, o pretender hacer una casa sin planos.
Es evidente que el "éxito" que viene teniendo la gestión externa, por el momento no se correlaciona del todo con el frente interno, tal vez, porque internacionalmente "hay mucho interés" en que a la Argentina le vaya bien, y eso dispara propuestas y acciones desde "afuera", que están mucho más acotadas en el frente interno, donde dependen de la propia gestión y programas.
Política monetaria, fiscal, financiera, plan de obras públicas, presupuesto, paquete de leyes para el Congreso, en síntesis, el Plan de Gobierno es todavía un enigma, y eso no contribuye a despejar dudas para los inversores, ni internacionales ni locales.
La producción depende de una fuerte inyección de capital. En el caso del sector agroindustrial más aún porque arrastra 3 campañas de malos resultados con deudas acumuladas, los precios internacionales de los granos y la leche están flojos, y la cosecha 15/16 que se está terminando tampoco va a ser buena, ni en volumen ni en calidad debido, en parte, a la caída previa y luego, a la afectación por los excesos hídricos.
Tal vez podrían comenzar, aunque sea, por el "inventario" de lo que encontraron (buen punto de partida) y el "sinceramiento" de datos oficiales (como en el INDEC) que, en el caso de Agroindustria incluyen atraso de varios años en algunos rubros de información que debe ser pública, y la manipulación de otros, como los de cosecha que hasta ahora no fueron corregidos y arrastran, por lo menos, 15 millones de toneladas de cosecha que "no fue".
Además, se sabe que hay cuestiones como el déficit energético, el atraso en infraestructura, o el alto costo argentino, que llevarán varios años en ser corregidos (y eso, si se acierta desde el vamos con la política a seguir), pero también hay muchos temas que dependen de la "gestión", tal el caso de la excesiva burocracia para hacer cualquier trámite, la asignación errónea de los recursos escasos (algunos mencionan aquí la transferencia al sector petrolero de más de US$ 6.000 millones), o la decisión de encarar obras que no son las que más van a multiplicar las inversiones.
Las urgencias, incluso, están determinando que varias provincias ya hayan superado a la Nación en la presentación de planes y propuestas, desde mercados hasta ayuda para nuevas industrias (frigoríficos, usinas, desecadoras, lavaderos de lanas, etc.) que permitan mejorar las ecuaciones económicas en sus territorios, pero que difícilmente tendrán los mejores resultados si no están enmarcados en una política nacional.
Todavía se amplía la brecha
Para algunos, el sector agroindustrial es el principal beneficiario, hasta ahora, de las medidas oficiales. Recorte de las retenciones, sinceramiento en el valor del dólar, eliminación de restricciones al comercio, son las principales medidas que se mencionan en el paquete inicial de ayudas oficiales. Sin embargo, lejos de esto, otras voces dan una versión sensiblemente distinta, y no porque las medidas sean malas o inexistentes, si no más vale porque los primeros "beneficiados" no fueron los productores o los empresarios agroindustriales, sino el propio Gobierno nacional, urgido como estaba por el ingreso de dólares de la exportación (lo que no iba a ocurrir
hasta que estas medidas se adopta
ran).

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