En su explicación de la determinación, y especialmente, de la distribución del ingreso, David Ricardo (Londres; 1772-1823) sostenía que los salarios se llevaban una retribución que debía compensar el costo de la vida para los trabajadores, a la vez que los terratenientes cobraban la renta por el derecho de uso del suelo, quedándose los empresarios con la diferencia residual del ingreso.
Cuando la producción aumentaba, la renta del suelo lo hacía también y en forma creciente porque se debían cultivar terrenos de menor fertilidad o a mayor distancia de los centros de consumo, lo que encarecía el valor del producto, a la vez que los salarios también aumentaban, no por un mayor costo unitario, sino porque se ocupaban más trabajadores.
Como resultado, los beneficios, comparados con el capital invertido básicamente en el pago de los salarios adicionales, se reducía, lo que llevó a Ricardo a defender la necesidad de importar grano en la Inglaterra que venía expandiendo su Revolución Industrial, como forma de aliviar la presión descendente de los beneficios en relación al capital invertido
Carlos Marx (Prusia, 1818; Londres, 1883), interpretando de otra manera el marco analítico de Ricardo que consideraba que el trabajo era lo que generaba el valor de los bienes, razonó que si el trabajo genera todo el valor producido, y puesto que a los trabajadores solo se les paga su costo de manutención, la diferencia entre el valor producido y los salarios, o sea los beneficios más la renta, era un ingreso espurio y por lo tanto injustificable.
Por lo tanto, había que modificar el esquema productivo, eliminando a estos actores "inútiles" y permitir que todo el ingreso vaya a los trabajadores.
Como se ve, tanto en Ricardo como en Marx, los empresarios son una especie de convidados de piedra, o, dicho de otra manera, unos actores pasivos, víctimas si se quiere, de los terratenientes, para Ricardo, o directamente prescindibles según Marx, y en ambos casos, ajenos a todo papel protagónico en las economías.
Beneficio e inversión
Los economistas posteriores a Ricardo, haciendo caso omiso de las observaciones de Marx, no quedaron tampoco muy conformes con la idea de aquél en el sentido de que los beneficios eran un componente residual y se propusieron dar una interpretación diferente al papel de los empresarios, considerando que los beneficios surgen de un "precio" que multiplica al capital aplicado a la producción, del mismo modo que los salarios totales surgen del precio de la mano de obra el salario- multiplicado por el total de empleo que genera la economía.
Este "precio" del capital sería, por una parte, la depreciación, o sea, el uso del capital en la producción que debe recuperarse en la venta de la producción, y por otra parte, el "costo alternativo" del capital, que serían los intereses y rendimientos de colocaciones financieras que los empresarios se privan de obtener por gastar sus fondos en la compra de equipos de capital en lugar, justamente, de realizar operaciones financieras que les proporcionarían rendimientos.
Si bien esta idea representa un avance, en el sentido de asignar un papel más protagónico a los empresarios, se presentan todavía algunas dudas.
Por una parte, no queda claro porqué éstos deberían conformarse con ganar los intereses de algún plazo fijo o compra de activos financieros, "cobrándoselos" al capital que invertirán, cuando es más que evidente que esas colocaciones financieras están expuestas solamente a los riesgos de pérdidas, que de algún modo son calculables, a diferencia de las inversiones que enfrentan incertidumbre, la cual es diferente al riesgo, porque aquélla no se puede medir, ya que no hay tal caso como una probabilidad de que un nuevo emprendimiento tenga éxito o fracase, precisamente por ser "nuevo" y por lo general "diferenciado" de cualquier otro anterior.
Dicho de otra forma, ¿por qué debería un agricultor gastar en sembrar, cuidar y proteger el sembradío, y luego esperar a cosechar, si esa misma suma, en ausencia de inflación, le da un rendimiento casi seguro en un plazo fijo, que puede además renovar o retirar varias veces en el mismo tiempo?
Por otra parte, este enfoque, cuando se proyecta en forma dinámica, atribuye la expansión de las economías al ahorro de las familias, no proponiendo ningún papel activo a las empresas, lo que directamente es rechazado por la experiencia que muestra el papel decisivo de la inversión en los procesos de crecimiento.
El rol del capital
Evidentemente, lo que lleva a los empresarios a invertir es la expectativa de una ganancia que debe ser superior a los intereses y la depreciación porque de otro modo se preferirían las alternativas financieras.
Ahora bien, si la ganancia esperada debe ser mayor que los "costos alternativos", ¿a qué es igual esa diferencia?
Una respuesta posible es que esa diferencia es precisamente, "el precio del capital", pero no en el sentido solamente de la parte de las maquinarias utilizadas, sino del capital "empresarial", esto es, la "aptitud" y "disposición" de los empresarios ante el proceso productivo.
En efecto, se necesita de una "aptitud" de los empresarios, porque si no la tienen obviamente fracasan o directamente no se deciden a producir e invertir.
También se requiere de una "disposición", porque los empresarios, como claramente muestra la evidencia, bien pueden decidir no producir, o producir menos, o bien como se desea y espera- producir más y generar más ocupación.
Claramente también, cuanto mayor sea la ganancia esperada por ellos, a igualdad de circunstancias, tanto mayor será también esa "disposición", y por supuesto, la recíproca es también cierta, lo que está en línea con la famosa "curva de oferta" que propone mayor producción con mayores precios y ganancias.
Esta idea explica porqué se producen las bruscas caídas en la actividad económica.
Por una parte, naturalmente, la caída sigue a una interrupción en las ventas, pero también obedece a que si el entorno económico se vuelve hostil a los empresarios -como ocurre en el populismo- éstos pueden decidir, cuanto menos, ralentizar las nuevas inversiones, e incluso, en situaciones extremas, pueden también reducir y hasta frenar la producción.
Dos Coreas y dos Alemanias
Por otra parte, esta forma propuesta de plantear el papel de los empresarios elimina un fetichismo implícito que ha estado presente en muchos enfoques económicos que consideran que el proceso productivo es solamente una cuestión mecánica que conecta el trabajo y la maquinaria con los bienes y servicios producidos, sin que juegue el empresario ningún papel, al menos activo, enfoque que ha quedado palmariamente rechazado con la experiencia de las dos Coreas y las dos Alemanias, en donde la exclusión del papel "inútil" de los empresarios en los respectivos regímenes comunistas no hizo más que potenciar la enorme y progresivamente creciente brecha que separaba en términos de desarrollo económico a las economías con y sin presencia de empresarios.
Claramente, a todo esto, no se pretende dar a los empresarios el papel de héroes, habiéndolos sacado del papel de villanos o sujetos pasivos. Como sostenía Adam Smith (Escocia; 1723-1790), "no es la benevolencia del carnicero o el panadero la que nos proporciona buenos productos, sino su interés económico". Por lo tanto, más que considerar héroes, villanos o sujetos pasivos a los empresarios, tal vez una analogía mejor sea la de las gallinas de los huevos de oro, o incluso, el de las abejas, que no porque eventualmente piquen son menos valiosas en la producción de miel, que es lo verdaderamente importante en ellas.
Por lo tanto, frente a las prevenciones contra los empresarios muchas de ellas reales, como las concentraciones monopólicas- la actitud debería ser "minimizar las picaduras, manteniendo lo más alta posible la producción de miel", vale decir, los bienes y servicios producidos, el empleo generado y los impuestos que obtiene el estado.


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