Si bien en el debate del domingo fue escasamente abordada la cuestión de la política exterior de Argentina, gracias a un par de comentarios producidos durante el debate es posible evidenciar concepciones distintas sobre el rol que ha de jugar nuestro país durante los próximos años en el concierto internacional.
Mauricio Macri, al referirse al afianzamiento de la democracia, dejó en claro su voluntad de solicitar sanciones para Venezuela debido a los constantes abusos de su gobierno.
Es posible inferir de ello que de ser elegido presidente, durante su gobierno, se procedería a un desplazamiento estratégico del centro de los esfuerzos de nuestra cancillería en materia de cooperación, especialmente tomando distancia respecto del desgastado populismo de raíz bolivariana.
Al ser interpelado sobre la posibilidad de instar o acompañar una eventual derogación del Memorándum de Entendimiento con la República de Irán, Daniel Scioli recurrió nuevamente a una técnica a la cual ambos hicieron uso en mayor o menor medida durante la totalidad del debate, consistiendo la misma en hacer oídos sordos a la pregunta que le fue planteada. Si bien es difícil interpretar su posición con base en el silencio, éste por lo menos deja evidenciar su negativa a dicha propuesta o su desinterés respecto de ella. Es importante recordar que dicho entendimiento está cuestionado constitucionalmente y debido al incumplimiento por parte de nuestra contraparte es poco más que letra muerta.
En un mundo en conmoción por sucesos internacionales que plantean increíbles desafíos a futuro, no solamente es útil sino también necesario lograr una mayor definición por parte de ambos candidatos en cuanto a los lineamientos de la política exterior de nuestra Argentina durante los próximos años.

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