Cuerpos enrollados en serpentina, sombreros llenos de puntitos de colores, los del papel picado, que también quedan en ponchos, en el cabello, en los recuerdos. Y en el aire, al aroma a albahaca, como durante los carnavales de antes, los verdaderos, aquellos que se celebraban en La Puna, en los valles, en cada rincón de nuestra Salta. Es la postal del desentierro del carnaval en la casa de Don Severo Báez, que abre sus puertas en José Echenique 1074 de Villa Primavera para recibir a copleros, bagualeros y público en general, desde hace 31 años. Este domingo el hijo travieso de la Pachamama fue desatado allí y se dice que ya anda haciendo de las suyas por "la linda".
"Hace ya más de treinta años que mi papá, junto a otros copleros y bandoneonistas fundaron este centro de residentes vallistas y puneños y que acá, en mi casa, se hace esta fiesta para que no se pierda jamás la esencia del carnaval", dijo Liliana Báez, una de las hijas de don Severo.
Y este año llegaron unas seiscientas personas. "Les decíamos que ya no entraban más, pero querían estar en este desentierro y vivirlo. Y la casa es chica, pero el corazón es grande, como dicen, así que pudimos compartir con todos", contó Liliana.
De Santa Victoria, Cachi, Molinos, Finca Tacuil, Iruya, La Poma, Rosario de Lerma, Campo Quijano, La Caldera y otros puntos de la ciudad e incluso de la ciudad de Tarija, en Bolivia, fueron llegando los copleros. Se les iba repartiendo mate, chica y aloja. Estuvieron Néstor Saavedra, el Negro Alegre, Matías Cruz, Marcelo Báez, ente muchos otros músicos carperos como Carlitos Montoya y Carlos Riera.
Todo comenzó cerca de las 10 de la mañana pero uno de los momentos más lindos de la tarde fue cuando se realizó la ceremonia propia del desentierro. "Desatamos al hijo travieso de la Pachamama al abrir el mojón, mientras sonaban cajas, guitarras, violines y bandoneones", contó Liliana.
Así, don Severo comenzaba la ceremonia: pidiéndole a Dios que sea un carnaval sano, que todos los que salen a carnavalear regresen bien, que puedan disfrutarlo.
La familia Báez lleva la bandera de revalorizar la cultura y de impedir que la tradición se pierda. "Yo creo que mis padres jamás perdieron su esencia. Antes la gente se burlaba de los copleros y sin embargo, mi papá nunca se avergonzó. Ellos han seguido y seguido", dijo Liliana. Siente que encuentran en su casa un modo de recordar su pueblo, de recordar su pago. Y honrarlo.
Y lo hacen todos: Severo Báez y su esposa, Rafaela Gaspar tienen catorce hijos, doce nietos y seis bisnietos. Algunos debieron pedir permiso en sus trabajos, pero todos estuvieron allí. "Nosotros como hijos hoy por hoy no nos explicamos cómo mi padre logró esto. A veces recordamos que cuando éramos chicos eran pocas las personas que venían a compartir con nosotros para esta fecha. Y cada vez hay más. El domingo estuvo repleto", dijo.
También hubo asado guateado, corderito y chanfaina. No le faltó nada al carnaval de ese patio en Villa Primavera. También asistieron turistas que se emocionaron al poder vivir esta celebración tradicional y tan nuestra. Abuelos en sillas de rueda, también, deseosos por poder estar el año próximo, carnavaleando.
Carnaval, toda la vida
La copla y la baguala no se agotan. Las actividades para no olvidar las raíces se realizan todo el año en la casa de los Báez. Las de carnaval continúan el próximo domingo, con un carnaval grande, el lunes con un encuentro de comparsas y el martes habrá pechada de caballos, todas actividades tradicionales del campo que ya casi no se hacen, según contó Liliana Báez. El domingo 14 de febrero será el entierro del carnaval y el domingo siguiente, el 21, habrá baile carpero.

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Sección Editorial

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marco hidalgo
marco hidalgo · Hace 10 meses

chupemen bien el pingo bolivianas hijas de mil puta vayan a laburar

YsB N.
YsB N. · Hace 10 meses

Si ya anda suelto el diablo... :/


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