El pasado viernes 29 pasó otro fin del mundo sin que el mundo se acabara. Esta vez el anuncio no tuvo referencias científicas o históricas, como el otro fin del mundo que se anunció en 2012. Aquel, que ocupó tanto tiempo en los medios de comunicación, charlas de amigos e ilusiones oscuras, había nacido de una mala forma de comprender la manera en el que los antiguos mayas le ponían ciclos al tiempo galáctico.
El del fin del mundo de 2016 anunció la inversión repentina de los polos magnéticos terrestres, basándose en simples elucubraciones, funestas e imposibles, de unos vagos delirios místicos. Y aunque la apreciación suene complicada, no es la primera vez que ideas así de enrevesadas causan conmoción. A veces convenciendo trágicamente a algunas personas para que se quitasen la vida antes de oír las trompetas del fin de los tiempos.
A lo largo de la historia se conoció a estos agoreros, que tuvieron en el siglo I un gran éxito en Oriente Medio, tanto que se incluyó uno de los textos que por entonces eran "literatura popular" en la Biblia.
Pero los antiguos son demasiados y muchos tan delirantes que ahora causan risa. Así que nos acerquemos a demencias más recientes, como la que propuso el misterioso Jim Jones en 1978. El mencionado convenció a 919 personas para que se suicidaran. Entre ellas, más de 300 niños fueron envenenados. Por supuesto que Jones desapareció, a sabiendas de que no se terminaba el mundo y con las cuentas bancarias de los seguidores del Templo del Pueblo. En 1993, 69 adultos y 17 menores murieron carbonizados antes de entregarse al FBI en Waco, EEUU. Seguían a David Koresh, un profeta apocalíptico que había reunido un tremendo arsenal en su rancho de Monte Carmelo, para defenderse en los confusos nuevos tiempos que se avecinaban.
En 1997, 38 seguidores de la religión ovni Heaven's Gate, liderada por la pareja Marshall Applewhite y Bonnie Nettles, se quitaron la vida con fenobarbital mezclado con zumo de manzana y vodka. La propuesta era llegar hasta el cometa Hale-Bopp que se estaba acercando a la Tierra.
Más recientemente, en 2014, se supo que en Salt Lake City, la capital mundial de la iglesia mormona, hay docenas de grandes graneros llenos de alimentos a la espera del fin de los tiempos, que es un hecho para esos creyentes.
Como vemos, la lista de anuncios del mejor fin del mundo es interminable. Solo que esta vez la era de los ordenadores nos presenta nuevos retos. Como vimos en el último anuncio del fin del mundo, su difusión sobre todo se produjo en internet. Las redes llevan y traen información, a veces cierta, a veces no. Pero es seguro que más de una persona se las cree.
Esto no significaría nada si no existieran datos como los mencionados. ¿Qué debemos hacer? Nuestra tendencia a las ideas negativas son parte de nuestra humanidad, pero podemos atenuarlas, reírnos de ellas. Tenemos oportunidad, ya que aún quedan otros fines del mundo: en 2060 según Isaac Newton, en 3797 según Nostradamus y en 5079 según la vidente rusa Baba Vanga. Pero somos tan distraídos, que quizás todo ya haya terminado.

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