La ciudad de Tartagal, capital del departamento San Martín, ya vibra con los preparativos del carnaval, porque este fin de semana se iniciará la fiesta más convocante del calendario anual. Es en este encuentro popular donde niños, jóvenes y adultos reafirman el mayor valor de un pueblo, su sentir y su patrimonio cultural, ya sea como participantes de las diferentes agrupaciones o como espectadores. Y no solo de tartagalenses se trata, sino que la expectativa se extiende a todos los pueblos vecinos que esperan, cada año, vivenciar esta particular y única celebración, con particularidades que no dejan de asombrar.
Tributo a la Tierra
De esta forma compartirán el carnaval que entremezcla costumbres y ritmos de una extensa región sudamericana con el arete, celebración que coincide en esta época del año, porque el sincretismo unió dos culturas en un mestizaje que las enriquece.
Lo más valioso que aporta la cultura ancestral es su relación armónica con los elementos de la Madre Tierra y en su honor se vive la fiesta el arete, la celebración agraria del maíz.
Los otros grupos representarán el sentir de los criollos y de los descendientes de inmigrantes, aquellos que desde lejanos lugares eligieron éste como su lugar en el mundo.
La cosmovisión de los grupos ancestrales sobre la naturaleza deja como legado algo que para los criollos e hijos de inmigrantes resulta siempre novedoso, pero que para las comunidades originarias forma parte de sus valores más arraigados, de sus códigos morales que tienen cientos de años de historia: el manejo sostenido y cuidadoso de los recursos y la armonía entre naturaleza y cultura.
Para los guaraníes, de quienes también abrevan y se nutren las otras culturas chaqueñas como los tobas y los wichis, el bosque tiene vida propia. En el monte están sus dueños, los "iyás", que los protegen y castigan al que hace daño por maldad o desmedida ambición.
Una cultura tan valiosa basada en la oralidad como es la guaranítica tiene leyendas, mitos y canciones y son los payés, (sabios) los portadores y difusores de esas historias y tradiciones. Dentro de la fiesta del maíz o renovación de la sangre, las plantas medicinales y aromáticas como la albahaca revelarán todo su potencial y su perfume inundará el circuito del corso, donde también estarán otras agrupaciones representativas del folclore boliviano moderno como la saya, que traduce en su enérgica danza la cultura afroboliviana y la resistencia al sistema esclavista. Se sumarán los tinkus, ritual propio del norte de Potosí y del sur de Oruro.

carnaval.jpg
<div>Flauta, bombo y tambor para la orquesta que acompaña.</div><div><br></div>
Flauta, bombo y tambor para la orquesta que acompaña.


Hasta el 9 de febrero
El intendente de Tartagal, Sergio Leavy, que encabeza la comisión organizadora, explicó que "comparsas, batucadas y otros grupos serán parte del corso color que se inicia este fin de semana y se extenderá hasta el 9 de febrero. Es importante destacar otro aspecto: el corso genera trabajo digno para muchas familias de vendedores ambulantes, que esperan este espectáculo cada año. Hemos dispuesto de tribunas, iluminación, sonido y para esta edición las agrupaciones locales han trabajado durante varios meses, una costumbre que se va imponiendo y que garantiza que cada año que transcurre el corso sea mejor, más cuidado y auténtico", explicó.
El circuito será nuevamente la avenida 20 de Febrero en toda su extensión. Por allí desfilarán 40 agrupaciones locales que forman parte del Corso Color y grupos de provincias vecinas y del sur de Bolivia.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora