"Mamá, ¡no llego! ¡Vos siempre querés todo rápido!". "Bueno... Y vos nunca parás de hablar, ¿no, hijita?". Risas atenuadas por la dificultad de asumir un entrelazamiento de manos y pies colectivo acompañan estos pequeños reclamos, de esos tan cotidianos que hasta irrumpen desprejuiciados en una clase de yoga. Gabriela Medina (23) y su sobrina Antonella (6), Andrea Lencina (42) y su hijo Martín (7), Marcela Hessling (47) y su hija Macarena (6), Mariela Ugarte (38) y su hija Jazmín (9) y la profesora de yoga Cintia Nanclares (34) y su hija Luna (9) se encuentran participando de una clase atípica. Los niños están introduciendo a sus familiares en el yoga, la ancestral disciplina originada en la India que lleva la atención hacia el cuerpo, la mente y la respiración.
Por momentos practican de a dos, por momentos el grupo se integra. Entre los ejercicios para asumir posturas también se dan consignas como escuchar el corazón de mamá o mirarse a los ojos con el compañero, las frentes de ambos pegadas entre sí. También juegos como subirse encima de mamá y viajar a un reino imaginario.
Una vez concluida la sesión, el vínculo entre tía y sobrina de Gabriela y Antonella es aún -si cabe- más vigoroso. "Es la primera vez que la acompaño a ella, que empezó hace dos clases. Es una linda experiencia y nos sirvió para conectar más profundamente. Sentí que pudimos ir más allá de la relación que tenemos siempre", sintetiza Gabriela. "A mí me gusta hacer yoga y vengo sola. Es parecido a hacer gimnasia en la escuela, pero distinto", explica, muy resuelta, Antonella.
Andrea hizo dúo con Martín, el único varón de la clase.
"Una amiga mía me comentó acerca de las clases de los papás con los hijos y como él es mucho de la patineta, la bicicleta y el fútbol, y siempre me pregunta: '¿Sabés hacer abdominales?' o '¿Qué hacés cuando hacés gimnasia?', pensé que era ideal que compartiéramos esta clase", dice Andrea. A ella algunos ejercicios, como el de frotarse ambas palmas de las manos y colocarlas luego sobre los ojos cerrados de los niños le removieron sentimientos. "Ha sido muy lindo, muy gratificante. Lloré cuando él me dijo que me ama", completa Andrea. "Me gustó mucho compartir un rato con mi mamá. Esto es distinto de la patineta y el fútbol", interviene Martín.
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<div>También hay ejercicios para la sanación.</div><div><br></div>
También hay ejercicios para la sanación.


Una mejoría

Cuando los niños practican yoga adquieren conciencia de su cuerpo, aprenden a reconocer cada una de sus partes y a adoptar buenas posturas. Además, fortalecen los músculos y adquieren flexibilidad.
Asimismo, con los ejercicios de respiración consiguen relajar la mente y calmarse. Por ello, el yoga los ayuda a concentrarse mejor, les estimula la creatividad y consiguen canalizar el estrés. Estos son los beneficios que convencen a padres cuyos hijos son hiperactivos o tienen atención dispersa.
Marcela relata que por problemas en la columna hace un tiempo practica stretching, un método global de elongación lenta y continua del cuerpo que ayuda al funcionamiento de los sistemas circulatorio, respiratorio, digestivo y nervioso. "He practicado otras actividades físicas, pero el stretching -y ahora veo que también el yoga- nos hace relacionarnos con el cuerpo de otra manera. A mí me gustó el stretching porque me tranquiliza mucho. Como Macarena habla y habla y es tan activa, me pareció bueno que viniera a yoga para niños", expresa. A su lado, Macarena sonríe y quiere dar su versión de los hechos: "El primer día no quería venir, pero cuando salí le dije: 'Mamá, nunca me dijiste que el yoga era conectarse con el cuerpo', y ahora ya hice amigas y no quiero dejar de venir". Sus ojos buscan a Jazmín y a "Luna Lunera", la hija de la profesora Cintia.
Mariela, la mamá de Jazmín, trabaja mucho y la cría sola. "Mi vida es muy acelerada y yo a Jazmín la llevo a mi ritmo. Por eso le pregunté a la psicóloga si era recomendable, como mi hija es acelerada y muy nerviosa, mandarla a yoga y me respondió que sí", dice. Agrega que en solo dos meses pudo ver la evolución conductual de Jazmín. "Era de guardarse muchas cosas y ahora me dice qué le pasa internamente, está soltando sus emociones. Se dormía tarde y se levantaba temprano, mientras que ahora descansa mejor", apunta. Jazmín dice de sí misma: "Mejoré mucho la respiración y la postura. Me siento mejor". Así de sencillo se resume una experiencia que, generadora de transformaciones continuas, puede alcanzar a la familia y al mundo.
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<div>Una comunicación entre madre e hijo, durante la clase de yoga. </div><div><br></div>
Una comunicación entre madre e hijo, durante la clase de yoga.


Un trabajo con el cuerpo que impacta en la mente y el alma

Cintia Nanclares se recibió de profesora de yoga el año pasado y mientras investigaba para escribir su tesis se adentró en las adecuaciones de esta práctica a los niños. Además sentía una necesidad personal de nutrir el vínculo con sus tres hijos. Así fue profundizando conceptos y aprendiendo más allá de lo que le habían enseñado durante el cursado de la carrera. El resultado fue la creación, hace dos meses, de un espacio propio para los niños, donde el objetivo es que disfruten, se conecten con sus emociones y su cuerpo, que sean libres y felices. Canciones, baile, cuentos y dibujos son los recursos a través de los cuales se integran los asanas, las técnicas de relajación y las de meditación.
"El año pasado se puso de moda la película 'Intensamente', que acercó a los chicos al mundo de las emociones y que a mí me sirve para engancharlos con esto. Encaro todas las clases desde el trabajo de las emociones para que el niño aprenda a reconocerlas, gestionarlas y manejarlas. A hablarlas, y no a callarlas o reprimirlas", destaca Cintia.
Agrega que con el transcurso de las clases los niños fueron sorprendiéndola con sus aprendizajes, que no se centraban solo en el desarrollo de su capacidad motriz o de una mayor flexibilidad, sino que los llevaban a comunicarse y demandar diálogo en sus casas para compartir esta experiencia movilizante.
"Yo a veces les pregunto a mis hijos qué les pasa y ellos me responden 'nada'. Creo que se pierde la comunicación en los hogares por la rutina y el trabajo de los padres. Además, los chicos están sobreestimulados: van a natación, a inglés, a canto y a flamenco, y se van debilitando los lazos con las personas con las que conviven. Y ellos son tan puros, tan auténticos, que siempre te dicen la posta", analiza.
En cada sesión se fomentan el compañerismo y la amistad porque se trabaja en parejas o el grupo completo. "Por ahí hacemos posturas de equilibrio y de fuerza y los chicos se caen y se enojan. Entonces surge lo de respetar al compañero: si le salió bien lo aplaudimos, si no lo acompañamos", comenta. También el cuidado del medio ambiente, la paz y el amor son temas disparadores que surgen en este ámbito y van sensibilizando a los niños con su entorno. "Acá no venimos a aprender filosofía, pero sí a tratar temas que los ayuden a relacionarse mejor. Nos contamos secretos que nadie sabe, aprendemos posturas que les permitan flexibilizar el cuerpo, aprendemos a respirar y a escuchar nuestro cuerpo", ejemplifica Cintia. Luego aclara que el yoga para niños no tiene contraindicaciones. Se trata de un ejercicio muy adaptable. De hecho, la mayoría de las posturas o asanas tienen variantes por si se presenta el caso de que alguien no pueda hacer un ejercicio por una lesión o patología. "Hay gente que tiene prejuicios contra el yoga: si lo hacés, sos raro. Pero quienes lo practican solo le ven beneficios, incluso empiezan a cuidarse en sus hábitos alimentarios y a llevar una vida ordenada", cierra Cintia.
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Los beneficios del yoga

A través del yoga, los niños ejercitarán su respiración y aprenderán a relajarse para hacerle frente al estrés, a las situaciones conflictivas y a la falta de concentración, problemas tan evidentes en la sociedad actual. El yoga les ayudará en su largo camino hacia el dominio físico y psíquico. Tanto para el niño inquieto o activo como para el tímido o vergonzoso, el yoga ayuda a canalizar su energía y reafirmar su autoestima. También auxiliará a los más activos para aprender a relajarse y a concentrarse más, mientras que fomentará a que los niños más callados pierdan su miedo ante los demás y se abran al mundo que les rodea. Esto consiguen, en los planos físico y mental, los niños que practican yoga:
1- Desarrollo y destreza de los músculos motores.
2- Flexibilidad en las articulaciones.
3- Mejora de los hábitos posturales de la columna vertebral.
4- Masaje de los órganos internos.
5- Mejoría en los hábitos de la respiración.
6- Estimulación de la circulación sanguínea.
7- Mejoría de la autoestima.
8- Baja en el nivel de estrés infantil.
9- Perfeccionamiento de los sentidos.
10- Agilidad y entereza.
11- Calma y relajamiento. 12- Estiramiento.
13- Mejor desarrollo de la atención, concentración, memoria e imaginación.
14- Armonización de la personalidad y el carácter.
15- Oportuna canalización de la energía física.
16- Mejor comprensión e interacción con los demás.
17- Regularidad en las funciones fisiológicas del sueño, el hambre y las deposiciones.

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