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Cataluña se encuentra al borde de la intervención

El presidente catalán descartó elecciones y esa decisión lleva al gobierno central a frenar el intento independentista. Ayer fue una jornada de protestas, mientras que en el Senado español Rajoy justificaba la intervención.

Viernes, 27 de octubre de 2017 00:00

El presidente catalán, Carles Puigdemont, descartó este jueves convocar elecciones y frenar sus planes de independencia, lo que acerca una toma de control regional por parte del gobierno central, con el riesgo de fuertes protestas en Cataluña.

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El presidente catalán, Carles Puigdemont, descartó este jueves convocar elecciones y frenar sus planes de independencia, lo que acerca una toma de control regional por parte del gobierno central, con el riesgo de fuertes protestas en Cataluña.

En una jornada de montaña rusa política en Cataluña, Puigdemont delegó en el parlamento la respuesta a la anunciada suspensión de facto de la autonomía regional. Su coalición advirtió que esta tomará forma de declaración de independencia.

"He estado dispuesto a convocar estas elecciones siempre y cuando se dieran unas garantías que permitieran su celebración en absoluta normalidad", dijo Puigdemont en un solemne discurso en la sede del gobierno regional, retrasado varias veces durante la jornada.

Pero "no hay ninguna de estas garantías que justifiquen hoy la convocatoria de elecciones", añadió, cerrando la ventana a una solución a la peor crisis de los últimos años en este país.

Poco después, en una comisión en el Senado, el gobierno español de Mariano Rajoy justificaba la intervención de la autonomía para frenar la espiral independentista en esta región de 7,5 millones de habitantes y con una quinta parte de la riqueza nacional.

"Queremos abrir una nueva etapa en la que la ley se respete", afirmó la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ante los senadores, que deben dar su autorización el viernes a aplicar el artículo 155 de la Constitución.

El artículo, nunca usado desde la reinstauración de la democracia en España, permite la intervención de la región por parte del poder central.

Bajo su amparo, el ejecutivo busca destituir al gobierno de Puigdemont, supervisar la actividad del parlamento catalán o tomar control de la policía o los medios de comunicación públicos regionales.

Esto puede desatar fuertes protestas en Cataluña, cuya sociedad está muy orgullosa del autogobierno regional recuperado tras la muerte del dictador Francisco Franco (1939-

1975).

En el parlamento regional, la oposición imploró a Puigdemont que convoque elecciones regionales durante la sesión iniciada el jueves y que podría culminar el viernes con la declaración de secesión.

"Todavía está a tiempo de volver a la legalidad y convocar elecciones", declaró Inés Arrimadas, dirigente de Ciudadanos, principal partido de la oposición.

"Mañana (viernes) propondremos que la respuesta a esta agresión (...) sea continuar el mandato del pueblo de Cataluña en el referéndum del 1 de octubre", advirtió no obstante Lluís Corominas, el portavoz de la coalición de gobierno, Juntos por el Sí. La sesión quedó suspendida tres horas después sin que Puigdemont interviniera. Los grupos parlamentarios deben preparar ahora sus resoluciones, que serán debatidas a partir del mediodía (10H00 GMT) del viernes.

Entre estas resoluciones podría haber una que declare la independencia, explicaron a la AFP fuentes parlamentarias y del gobierno regional.

Los independentistas se sienten legitimados por el referéndum inconstitucional celebrado el 1 de octubre, ganado ampliamente por los separatistas pero con una participación del 43% y celebrado sin apenas garantías.

En la variopinta alianza de partidos separatistas, la mayoría exigía proclamar una república independiente pero dentro del partido conservador de Puigdemont, PDeCAT, existían presiones para no hacerlo, según una fuente del gobierno regional.

En los últimos días se multiplicaron las mediaciones entre Puigdemont, Rajoy e incluso la Casa Real para evitar el choque frontal entre ambas instituciones, explicaron fuentes envueltas en esta interlocución.

El objetivo era conseguir que se convocaran elecciones en Cataluña a cambio de que Madrid no aplicara el artículo 155. Estuvo cerca de conseguirse el jueves por la mañana, hasta que Puigdemont terminó por descartarlo. Declarar la secesión puede costarle a él y su gobierno una denuncia por rebelión, pasible con hasta 30 años de prisión.

Sociedad dividida

La cuestión independentista divide profundamente a la sociedad catalana, que lleva semanas en tensión ante las imprevisibles consecuencias de este conflicto.

Más de 1.600 empresas trasladaron su dirección social a otras partes de España y las asociaciones y foros empresariales advierten que si se alarga la crisis, podría afectar al empleo y las inversiones.

También se teme la repetición de escenarios de violencia como los vistos cuando la policía intentó impedir la celebración del referéndum del 1 de octubre.

El gobierno español mantiene una amplia presencia policial en la región mientras que numerosos comités de ciudadanos independentistas se organizan en los últimos días para impedir la aplicación del artículo 155, planteando ocupaciones de edificios o incluso huelgas continuadas.

“Queremos tanto la independencia, vamos a seguir manifestándonos y reivindicando nuestros derechos”, dijo a la AFP Judith Campos, de 19 años en una manifestación de miles de estudiantes por la secesión.

Sesión en el Senado

La vicepresidenta del gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría, dijo ayer que quienes “compraron el relato de la independencia son quienes quieren destruirla”, al abrir la sesión del Senado que debate la aplicación del artículo 155 de la Constitución a Cataluña tras el referéndum independentista.

El gobierno español defendió su obligación “legal, democrática y política” de asumir competencias de la autonomía de Cataluña para “proteger el interés de todos los españoles ante la deriva independentista de las autoridades de esa región” dijo Sáenz de Santamaría.

Calificó la aplicación del controvertido artículo, que implica el cese del Gobierno catalán, la limitación de los poderes de su Parlamento y la convocatoria de elecciones antes de seis meses, como “un mecanismo excepcional, pero legítimo y democrático”.

Minutos antes y en medio de una áspera disputa entre Madrid y Barcelona desatada tras el referéndum del 1 de octubre, el presidente catalán descartó elecciones.