¡Buen día! ¡Felices Pascuas! El Aleluia de la liturgia enhebra este domingo de gloria en cada uno de sus momentos. ¡Cristo resucitó! Es la verdad central del cristianismo. Por eso la Pascua es una fiesta grande para todos los cristianos. Pero también es un compromiso, algo para vivirse a fondo, para tomarse en serio.

Me parece estar escuchándolo al recordado y siempre actual monseñor Vicente Zazpe, cuando hace mucho decía: “Tomar en serio la resurrección de Cristo es tomar en serio la muerte, la vida nueva, el evangelio, el más allá y el más acá, el pecado y toda la vida religiosa. Tomar en serio la resurrección de Cristo es tomar enserio Cristo; no como una respetable expresión religiosa sino como la única expresión válida.

En los evangelios se narran varios tipos de resurrección: la de Lázaro, el adolescente Naím y la hija de Jairo, pero poco tienen que ver con la de Cristo. Esta es original y con exigencias que no tienen aquellas. 

La resurrección de Cristo origina una nueva creación, un hombre nuevo, un nuevo Adán, una nueva humanidad. La resurrección de Cristo es un hecho y una verdad, pero hay una diferencia abismal entre conocer una verdad y estar convencido de ella. Se puede conocer estupendamente el marxismo y no aceptarlo. Se puede conocer el cristianismo y no estar convencido de él. Para aceptar una verdad debemos antes conocerla, pero no necesariamente aceptamos todo lo que conocemos. 

En la verdad religiosa el problema se ahonda porque se trata de una verdad especial, más fuerte y comprometedora que la científica y la técnica. La verdad religiosa está hecha para horadar, clavarse y modificar el rumbo de la vida.

Que estas Pascuas nos ayude a todos a ser los hombres nuevos que quiere Dios para nosotros. 

 

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