Niños del Chaco salteño dejarán de beber agua con arsénico

En un informe, que publicó el 26 de octubre de 2016, El Tribuno expuso los estragos que causa el arsénico en las poblaciones del Chaco salteño que carecen de agua segura.

Aquel informe periodístico movilizó al CIFAL, un centro internacional que depende del Instituto de las Naciones Unidas para la Formación y la Investigación (UNITAR), a firmar un acuerdo de cooperación con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y la cartera de Ambiente y Producción Sustentable de la Provincia.

El pasado jueves, en el marco de ese entendimiento, la Secretaría de Recursos Hídricos de Salta recibió los materiales para perforar un nuevo pozo en la escuela de Pelícano Quemado.

En el citado paraje, ubicado a 50 kilómetros de la localidad de Rivadavia Banda Sur, las concentraciones de arsénico en el agua son 74 veces mayores que el nivel recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el consumo humano.

Además del nuevo pozo, el proyecto, canalizado a través del Fondo Integrado para el Desarrollo (FIDE), contempla la construcción de un tanque de almacenamiento y la instalación de módulos de filtrado que funcionarán con energía solar.

Tras recibir los materiales, que Aeropuertos Argentina 2000 financió con un programa de responsabilidad social empresaria, el Gobierno provincial anunció que los trabajos se iniciarán en una o dos semanas, porque en la zona se produjeron anegamientos y la humedad de los terrenos aún dificulta las perforaciones.

En la escuela de Pelícano Quemado, investigadores de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) midieron valores de arsénico en el agua de 0,74 miligramos por litro (mg/l). En Nueva Población, una comunidad vecina, la concentración es de 1,60 mg/l.

El arsénico es una de las diez sustancias químicas que más preocupan a la OMS por su acción tóxica y cancerígena. El valor máximo recomendado por el organismo internacional desde 2003 es de 0,01 mg/l. Ese límite fue incorporado al Código Alimentario Argentino en 2007, pero las reglamentaciones provinciales mantienen el máximo permitido en 0,05 mg/l, en espera de las conclusiones de un estudio epidemiológico del Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), pendiente desde 2012.

En parajes de Rivadavia y Anta, Recursos Hídricos comenzó a instalar en 2013 sistemas de abatimiento de arsénico para bajar los valores arsenicales de los pozos de agua. Varias comunidades ya cuentan con módulos de filtrado en sus escuelas y hogares, pero otras, como las de Pelícano Quemado y Nueva Población, siguen expuestas.

En la zona, científicos de la UNSa y el Conicet documentaron casos de cáncer originados por la prolongada ingestión del veneno lento que acecha y enferma con el agua.

Mónica Farfán, una de las investigadoras que estudió los efectos del HACRE en el chaco salteño y trabajó en el diseño de módulos filtrantes, advirtió que el arsénico determina retrasos madurativos en la infancia de una de las regiones más postergadas del país. El elemento tóxico afecta los embarazos, traspasa la barrera placentaria y tiene efectos irreversibles en el desarrollo neuronal de los niños por nacer.

También son abundantes las pruebas de la relación del HACRE con el desarrollo de tumores malignos en diferentes órganos vitales. El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer clasificó los compuestos del arsénico en el agua como cancerígenos para el ser humano.

Las marcas de HACRE

Los primeros síntomas del hidroarcenisismo crónico se observan generalmente en la piel, con cambios de pigmentación, lesiones cutáneas, durezas y callosidades en las palmas de las manos y las plantas de los pies. Las afecciones, que se manifiestan tras una exposición de cerca de cinco años, suelen ser precursoras de cáncer de piel, vejiga y pulmón.
Además, existe evidencia clínica de daño nervioso periférico, problemas de desarrollo, neurotoxicidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.
Niños con desnutrición son más sensibles a la acción tóxica del arsénico. Estudios científicos establecieron una clara relación con el incremento del riesgo de muerte fetal y la mortalidad infantil. Con toda esa evidencia, la OMS bajó en 2003 el valor máximo recomendado de 0,05 a 0,01 mg/l. 

 

 

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